Las encinas y sernas castellanas se hacen casi de repente olivos, viñas, naranjos andaluces. Me acuerdo del poeta antequereño, que acaba de morir, José Antonio Muñoz Rojas, cuyo libro Las cosas del campo tanto me gustó, hasta compararlo con el Platero y yo de Juan Ramón. La última luz del día se recoge en la salada claridad marina de Cádiz.