La infancia de Jesús

Acabo de leer el libro de Joseph Ratzinger, del  mismo título, pulcramente editado por Planeta. Es una breve reflexión teológica sobre el llamado Evangelio de la infancia, de Mateo y Lucas, especialmente interesante por la importancia que se concede a sus fuentes bíblicas de inspiración y por la originalidad de algunos de sus tratamientos. Hace años que sigo de cerca la literatura exegética sobre la infancia de Jesús, que me ha servido mucho, entre otros objetivos, para mis poemas navideños, incluidos los villancicos. En los varios puntos en que los mejores autores discuten sobre si ciertos acontecimientos narrados en estos capítulos son acontencimientos históricos o sólo se trata de meditaciones teológicas –teologúmenos-, en forma de historias, el teólogo Ratzinger adopta, como él mismo confiesa noblemente, una actitud tradicional. En algunas ocasiones niega que ciertas interpretaciones de exégetas actuales tengan un sólido fundamento y una vez, al tocar un punto neurálgico de la doctrina, se pregunta si Dios no puede llevar a cabo lo que nuestra razón humana  moderna no entiende o no considera normal. Es una postura valiente. Pero la cuestión máxima  en este caso es, como él mismo afirma en general, entender bien lo que el evangelista quiso decir, con los medios literario-históricos empleados, a los hombres de su tiempo, y entender nosotros hoy, con los medios de que disponemos, la esencia de aquel mensaje: histórico-realista, parenético, parabólico… Entre los autores citados por Ratzinger en el texto y en la bibliografía, casi todos alemanes, Rudolf Pesch está muy distante en algunas interpretaciones de las del actual pontífice. Me extraña sobre manera que no aparezcan citados exégetas  católicos norteamericanos de primera línea -hoy los exégetas de USA son los mas numerosos y activos del mundo-, como John P. Meier, por el tomo I de su excelenta y copiosa serie, Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico (edición original, 1991), y sobre todo Raymond E. Brown, por su pionero y no superado  El nacimiento del Mesías (edición 1979), del que dice Meier que es «el» estudio magistral llevado a cabo en nuestra generación. Sea lo que sea, es admirable que todo un papa se «humille», en su trabajo como teólogo profesional, a ser analizado, discutido, refutado, por cualquier otro teólogo y exégeta, por cualquier fiel en la Iglesia católica. Caso único, creo, en la historia. Got sei gelobt.