Me pregunto doloridamente si en el caso de que Dalema, Veltroni o Bersani, tres dirigentes principales, moderados y equilibrados, de la izquierda tradicional italiana (antes, PCI) hubieran convertido la presidencia del Gobierno en un prostíbulo de escorts de lujo y de menores de edad, como la ha convertido Berlusconi, la «Iglesia italiana» (la Iglesia en Italia) hubiera mantenido ese lenguaje atildado y obsequioso, aterciopeladamente crítico, eufemístico y cortesano, generalista e hipotético, que está manteniendo en esta ecandalosa y repugnante historia. Y la pregunta se me escapa hasta una parecida, hipotética -de la que Dios nos libre- situación en España. ¿Por qué la Iglesia no fue siempre la Iglesia profética, discípula, seguidora fiel de Jesús de Nazaret, durante los veinte siglos pasados? Nos lo hemos preguntado muchas veces. Pues, por las mismas sinrazones por las que hoy se calla en muchos sitios, o disimula, habla en voz baja, o, sencillamente, no se atreve a hablar.
