La pasividad de la Unión ante las dictaduras árabes del norte de África y del Oriente Próximo no debe ser tachada sólo de vergüenza europea, como editorializa un diario español, sino, lisa y llanamente, como desvergüenza. Contra todo lo que dicen los Tratados al respecto, contra la letra y el espíritu de muchos textos que hemos llevado en la boca y en el corazón durante todos estos últimos años, la Unión en su política exterior -con esa buena de lady Ashton al frente, que más parece la ministra de comercio que fue en su país- se ha callado como una muerta o ha recccionado tarde y mal, cuando no ha pedido menos. Algo así como las Internacionales, que sólo expulsan a ciertos partidos de su seno cuando sus dirigentes huyen o o van a ser expulsados de su país. Estados Unidos de América nos ha dado ejemplo de nuevo, después de conseguir celebrar con éxito el referéndum en Sudán del Sur, donde la Unión fue igualmente incapaz de mover un dedo tras décadas de atropellos. ¿Y para qué hablar de la política exterior de Francia, de España o de Itaiia? Está ardiendo todo el norte de África, a nuestros mismos pies, y aqui estamos hablando todo el día de Sarkozy (y de Carla Bruni), de Zapatero y de Berlusconi. ¡Buon divertimento!
