Simón Bolívar, el héroe de la independencia americana, proponía a la Corona Española, a través de su embajador en Londres, Francisco Antonio de Zea, que se pusiera fin a la guerra entre España y sus colonias y se establecieran las bases de una futura fraternidad, con la constitución de una federación hispano-americana. Junto a la independencia americana; proponía a la vez una alianza entre la Gran Colombia y España con el resto de las naciones americanas, igualdad de derechos para españoles y americanos, y eliminación de aduanas. Casi un siglo después, el año 1917, un decreto del presidente de la República Argentina, Hipólito Yrigoyen, de clara estirpe vasca, declaraba el 12 de octubre Día de la Raza y Fiesta Nacional, Porque creía que el descubrimiento de América era el acontecimiento de más trascendencia que haya realizado la Humanidad a través de los tiempos. Calificaba, incluso, la conquista como empresa ardua y ciclópea, sin posible término de comparación en los anales de todos los pueblos. Y cantaba el milagro de conquistar para la civiliación la inmensa heredad que hoy florece en las naciones a las que ha dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal que debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimiento. Al año siguiente, el rey de España, Alfonso XIII, establecía, por un decreto de rango similar, el 12 de octubre como Fiesta de la Raza y Fiesta Nacional. En 1958, se convertía en Día de la Hispanidad. En un nuevo decreto, de 7 de octubre de 1987, firmado por el rey Juan Carlos, nieto de Alfonso XIII, la fecha elegida como Fiesta Nacional de España, simbolizaba la efemérides histórica, en la que, a punto de concluir el proceso de constitución del Estado y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, iniciaba un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos.