No es el obispo de Gran Canaria -¡que no de Canarias, señor ignorante!- el que hace negocios con la inmigración ilegal, según la repugnante y a la vez miserable calumnia del político ultramontano Santiago Abascal, sino Santiago Abascal el que los hace, y muchos, con la doctrina y la práctica de la aberración política, y humana, de la prioridad nacional.