La excavación de esta gran superficie responde a los criterios científicos del nuevo proyecto de investigación iniciado en 2010, tras los escándalos, a raíz del Plan Director de Iruña-Veleia, impulsado por la Diputación Foral de Álava en colaboración con la Universidad del País Vasco.
Uno de sus objetivos fundamentales es el análisis del poblamiento fuera de las murallas de los siglos III y IV, donde acaba de descubrirse por georadar un gran circo romano, de tiempo imperial, que cubre en estos momentos una gran superficie de trigo, a punto de granar. Entre otros restos, a punto de ponerse en valor, destacan un tramo de calzada romana, el Iter 34, que comunicaba Astorga con Burdeos: Ab Asturica Burdigallan, y las edificaciones comerciales que se levantaron en torno a ella.
Entramos por la puerta principal, entre dos potentes cubos de muralla y recorremos, bajo el oppidum o baluarte natural natural prerromano, el circuito de las excavaciones en la parte más llana de la ladera , suavemente inclinada y más abrigada ante el cierzo: la domus de Pompeia Valentina; la domus del Mosaico de los rosetones; las cisternas. Por un sendero que atraviesa la parte más frondosa del bosque que ha ido ocupando la vieja ciudad abandonada durante siglos -fresnos, sauces, acacias, arces de Montpelier, zarzales…- encontramos los restos de los edificios del Priorato de Nuestra Señora de Iruña, de la la encomienda de la Orden de San Juan o del Temple de la Encomienda de Burgos y Buradón, y un resto de su muralla propia. Nos acercamos a la muralla romana occidental con sus muchos arreglos bien reflejados en su pared interior. Vemos los fundamentos de un templo romano por las dimensiones de su superficie y de sus columnas. Y junto a las murallas volvemos a la puerta de donde salimos a través de un suelo poblado de todas las flores de abril: verónicas, margaritas, nazarenos, botones de oro, orquídeas…
Desde la parte más septentrional del poblado, y todavía lejos de la muralla, se ve el pueblecito, Concejo de Iruña de Oca de Trespuentes, que parece todo nuevo y tiene como joya el viejo puente romano y, un poco más lejos, los caseríos de Mendoza, Martioda, Estadona…, bajo las estribaciones de la Sierra Brava de Badaia.
La muralla occidental, cerca de la que nos movemos, separa la ciudad del camino que la circunda, sobre el terraplén que la separa del río Zadorra.
Al terminar la visita del poblado amurallado, visitamos los cimientos del Macellum, o mercado cubierto, las excavaciones más meridionales, cercanas al Circus, aún por excavar, con su patio central y sus tabernae, o tiendas aledañas. Seguramente estarán cerca el Foro y la Basílica.
La ciudad de Iruña Veleia, identificada ya en el sigo XVI, y que comenzó a excavarse someramente en 1900 y más científicamente en 1949 -con hallazgos como la Mujer Togada-, vuelve ahora, tras el revés y el escándalo de hace veinte años, a cobrar nuevos bríos, gracias al escarmiento institucional y a los nuevos empeños de la Diputación Foral de Álava y de la Universidad del País Vasco. Empeños que, como se sabe, en arqueología siempre son lentos, porque siempre son carísimos.