La causa de nuestro descontento, yo diria desconcierto, en la España de hoy, es, según el filósofo Javier Gomá, que escribe en EP de hoy, la falta de buenas costumbres, que no hemos sabido cultivar y asimilar en estos últimos cuarenta anos para nutrir y fortalecer las buenas instituciones creadas durante la Transición, aquel momento carismático en el que hicimos todas las revoluciones no cruentas a la vez, la del burgués, la del sujeto autónomo y la del ciudadano libre. Y es que nos ha faltado y nos falta un proyecto moral, de moral pública, sugestivo y común, un ideal c’ivico compartido, una pauta moral y comunal. Todo ha sido moral política partidista y autonomista, y por ahí se nos ha ido la fuerza comun de la convivencia y del fortalecimiento de las instituciones que nos hacen libres, pero no morales sin un buen uso de la libertad, lo que es imposible sin costumbres –mores- personales y colectivas arraigadas y permanentes. La verdad es que apenas hubo alguien en partidos, sindicatos y toda clase de asociaciones, que las exigieran y ni siquiera se atrevieran a pronunciar su nombre. Como bien dijo Horacio, Leges sine moribus vanae: vanas son las leyes sin las costumbres. Esta es en todo caso esa Segunda Transici’on necesaria, de la que hablan desmesuradamente algunos políticos, que siguen viendo sólo la politica, pero no la moral, en la vida española. Como si eso fuera posible, real y conveniente.