De casquería (tripería) ha calificado el mismísimo Pedro Sánchez -en veste, como se ve, de carnicero- la colección de wasaps, mensajes y mandatos telefónicos enviados por él mismo a su edecán José Luis Ábalos, entonces secretario de organización del PSOE, hoy persona maldita, poniendo como no digan dueñas, o como chupa de dómine a sus propios ministros o compañeros de partido: hipócritas, maltratadores, estultos, tipos, impresentables, petardos… Lo que califica de tal su propio lenguaje, aunque sea privado, su estilo en el trato humano como secretario general del partido y en su ejercicio del poder.
A cierto periodista le ha evocado los guiones de Mario Puzzo y aquel lema del Padrino: Mantén cerca tus amigos y más cerca a tus enemigos.
Pero la publicación de tal casquería ha revelado también la catadura de algunos de esos súbditos obedientes, entre los ministros de Sánchez, que Ignacio Varela divide como gestores, ornamentales, gladiadores y capataces. Valientes como Page o Lambán responden como caballeros. La frágil Susana, que se arrodilló ante el jefe para poder ser senadora, da n poco de grima. La «pobre Margarita Robles» (ministra de Defensa, de la que hablé otro día) ha recibido entre risitas la casquería que le propinó su preboste: pájara [persona astuta y con muy pocos escrúpulos], que se acuesta con el uniforme, y ha respondido a los periodistas casi con la virtud del famoso verso de Quevedo sobre el ir caliente y el reírse de la gente:
–Después de siete años, sigo en el Gobierno…
Dicho por una de los pocos ministros gestores, es toda una confesión: lo que importa es el poder y todo lo que lleva consigo. El cómo importa poco o nada. Más que pena da bascas.
El Gobiernito tenemos de Sancho Panza ha devenido devenido ahora lema único Sancho Peonza y de todos sus ministros y nominados por él.