Entre los siglos XVI y XIX más de 5 millones fueron sacados de África para Brasil, de los 15 en total llevados para América. Fue el penúltimo país en abolir el tráfico de esclavos (1850) y el último en acabar con la esclavitud (1888). Entonces más de la mitad era negra. Muchos inmigrantes blancos, sobre todo alemanes e italianos, fueron bienvenidos en las décadas posteriores a fin de purificar la sangre brasileña. De 1950 a los ochenta Brasil fue denunciado por su violencia de todo género contra los negros. Hoy de nuevo la población negra es mayor que la blanca, pero las diferencias son aún muy grandes. Baste decir que hasta 2040, a este paso, los negros no alcanzarán la renta media de los blancos. Apenas si se ve un negro en los niveles altos de cualquier sector. Pelé era una excepción el otro día en Copenhague. Espero que entre los deportistas brasileños, en las Olimpíadas de 2016, los negros serán muchos más. Y eso puede animar a romper el mayor tabú de ese gran país hermano.