En el Museo Sacro de Bilbao

 

Nunca lo había visitado. En la pequeña plaza de la Encarnación, cerca de la estación de Atxuri, se levanta la iglesia del mismo nombre (s. XVIII), ahora abierta al culto sólo los fines de semana. Fue hasta hace medio siglo el templo del convento habitado por las religiosas dominicas, en cuyas antiguas habitaciones se aloja ahora el Museo Sacro de Vizcaya, sobre las dos crujías del claustro. Recorro, solitario, las cuatro grandes salas de los dos pisos, con hermosas tallas románicas, góticas, renacentistas, barrocas, neoclásicas; retablos; pinturas desde las clásicas hasta los años sesenta del siglo pasado; rica orfebrería; vestimentas litúrgicas… Todo en perfecto orden y resplandor. Buena información en paneles adjuntos. Entrada gratuita y ni una sola persona de vigilancia. Durante todo el despacioso y sobrecogedor recorrido en solitario suenan los villancicos españoles más clásicos, desde la exposición de «Belenes del mundo», que se despliega en el plano del claustro, aquí sí con bastante gente visitándola. En el día de hoy se exponen belenes pequeños de los cinco continentes, de los más diversos materiales, casi todos con sólo las figuras de Jesús, María y José. Un lugar especial lo ocupa el escultor y ceramista bilbaíno Santiago González Merino, hoy residente en Quejana, con varios nacimientos en cerámica. En una estancia cercana hay un rebullicio de niños y niñas que trabajan belenes y figuras bíblicas en un taller infantil de dibujo y pintura. Otra hermosa mañana navideña.