El poderoso y sólido nacionalismo inglés ha elegido en este tiempo de turbación política, pero de buenos resultados económicos en el país, al Partido Conservador de Cameron, a pesar de los muchos votos, no traducidos a escaños, del antieuropeo y xenófobo UKIP, segundo en 90 circunscripciones, cuyo líder Farage ha dimitido al perder el suyo. Los rumores sobre la posible alianza con los independentistas escoceses ha perjudicado a los laboristas, ya en horas bajas, que han sido literalmente barridos (wipeout) de Escocia, su feudo por excelencia. ¿Para qué han servido las viejas connivencias? Para esto, más o menos como en Cataluña. Recordemos que si fuerte es el nacionalismo escocés, regido por un partido, por ahora independentista, aunque respetuoso con los resultados del reciente referéndum, mucho más fuerte, numeroso y potente es el nacionalismo inglés, lo mismo dentro que fuera, cuando se tiene que enfrentar con la Unión Europea para hacer valer sus intereses, ante la cual sale ahora reforzado, fiado más en el patrotismo inglés de Cameron que en el más desvaído de Ed Miliband, forzado, como el líder liberal-demócrata, Nick Clegg, a dimitir tras su rotundo fracaso. El Reino Unido de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte es en muchos aspectos muy singular; con una historia (ejecutoria histórica) muy propia y distinta de la nuestra. A los continentales nos cuesta entenderlo. Razón de más para intentar estudiarlo mejor.