El «sí» de ERC al dichoso y desdichado Estatuto de Autonomía, que ellos prohijaron como nadie desde el principio, nos hubiera traído sin duda menos Nación española, menos Estado y más nacionalismo-independentismo catalán. El anunciado «no» en el próximo referéndum traerá eso mismo y, además, una nueva división en el tripartito gobernante en Barcelona, más confusión entre el electorado catalán y más bochorno para el presidente del Gobierno de la Nación, comprometido de hoz y coz con esa malhadada empresa política. Es lo que tiene el hacer una política de mangas y capirotes y de salto de mata, donde lo único que parece contar es la suma matemática para ob-tener o re-tener el poder frente a un solo enemigo común. ¿Podrá ser acaso ese esperpéntico «no» el comienzo de un forzoso golpe de timón en la política catalana y general española, o de una recia borrasca que haga volver a puerto ese barco aventurero?