El europeísmo del presidente Sánchez

 

   La verdad es que el capítulo 12, Continuar la historia, es el que más me gusta de todo su libro Manual de resistencia, que me gusta poco: por su continuo afán de protagonismo; por su constante autoapología, sin pizca de autocrítica, y por su muy incompleta narración de los hechos que le arrojaron de la dirección del partido, uno de los capítulos más dramáticos de la historia reciente del socialismo español.

Pero la recensión, todo lo complaciente que se quiera, que hace en los últimos capítulos sobre sus viajes por América y por Europa: Alemania, Francia, Inglaterra… -luego vendrían, en un momento muy oportuno, Bruselas, Luxemburgo, Estrasburgo- para hablar de España, de su Constitución,  de nuestra democracia, del separatismo catalán… me gusta mucho más. Lo cierto es que hacía casi veinte años que España estaba ausente del mundo, y también, durante los últimos, de Europa, salvo la presencia oficial en el Consejo Europeo de ministros.

Me gusta sobre todo la firme y hasta entusiasta convicción de que el futuro de España, también el de la socialdemocracia europea y española, y sobre todo el de nuestra democracia de todos, está unido al de Europa, de cuya Constitución federal es claro partidario Sánchez, a pesar del no lejano fracaso en los referédums de Holanda y Francia. Me gusta ese tono. Me gusta ese entusiasmo, difícil de encontrar en este momento en el mercado europeo.