De repente, en frente de mi casa,
el recién plantado cerezo
se ha cubierto de la nieve de marzo,
como un ángel de cuatro alas,
perfecto,
que viene a anunciarnos
el final del invierno,
la hermosura de la primavera
y el delicioso concierto
de la luz, el color y la belleza
que dan sentido y valor al universo.
Ay, si yo tuviera
la suerte y el secreto
de que florezca en mi alma,
tras la crisis del otoño,
un nevado y seguro cerezo,
que me anuncie
el final de mis inviernos
y sea un ángel blanco
de mi cielo…