Aunque el verdadero día aciago y luctuoso fue el día en que triunfó, aunque por la mínima, la opción del Brexit, cuando se aprueba el acuerdo de separación en Bruselas, se renueva el dolor y la pena por este primer gran fracaso de la Unión. Lo que no quiere decir que uno prefiera el no-acuerdo (es decir, el caos) al acuerdo razonable, razonado y firmado. Nos queda, pues, que el Parlamento británico -ese dios omnipotente de la democracia británica- no apruebe el acuerdo; que se disuelva aquél y se convoquen elecciones; que se prolonguen los plazos de la separación efectiva, y que se organice otro referéndum, donde triunfe el sí a Europa, el sí a la Unión Europea, con el Reino Unido dentro. Creo que más temprano que tarde, ese día llegará, por voluntad del pueblo británico.
Sobre Gibraltar, alguien no hizo bien las cosas a tiempo en España, como para aguardar hasta el último día para tomar una resolución de conjunto. Lo cual ha servido a nuestra presidente del Gobierno para erigirse en defensor Hispaniae, quién nos iba a decir que nada menos que en el asunto de Gibraltar,,, El poder de Sánchez no tiene límites. Ayer le oí mencionar lo de tres siglos y pensé si no quería resolver también el conflicto del Peñón después del conflicto catalán!. Casado, por su parte, recuerda que el Gobierno Rajoy había conseguido que ningún acuerdo celebrado entre la UE y el Reino Unido sería de aplicación a Gibraltar sin el acuerdo entre españoles y británicos. Pero eso ha desaparecido en el artículo 184, que no se refiere para nada a España. Para asegurarnos que la Unión Europea no va a chalanear con el Reino Unido sobre la colonia tenemos que fiarnos por ahora del dichoso papel mojado de esas tres declaraciones de buena voluntad. Y tiempo habrá, por parte de la Unión, no de Reimo Unido, de completar, si es menester, y por su parte, la dichosa seguridad jurídica (¡) En ese punto Gran Bretaña está compactamente unida. ¿No podremos estar así nosotros alguna vez?