Crucifixión y muerte de Jesús

 

         Que hubiera cuatro soldados romanos, uno de ellos como jefe, al pie de la cruz o de las cruces, puede darse por cierto. Pero poco más. Lucas sitúa aqui el escarnio de Jesús por los soldados,  que no había mencionado en el proceso romano y nos trasmite, él solamente, las amables palabras del buen ladrón y las de Jesús a éste, mientras Mateo afirma que los dos malhechores le injuriaban.

No parece muy verosímil la presencia de sacerdotes junto a la cruz, en vísperas de la Pascua. Más difícil todavía se hace la presencia, según el evangelio de Juan, de la madre y de los amigos o discípulos de Jesús, porque después del año 31 de nuestra era se prohibió a los parientes de los condenados ir a hacer duelo, como nos cuentan Suetonio y Tácito.

Muchos autores contemporáneos, católicos o no, han llegado a la conclusión de que las palabras más probables que Jesús dijo en la cruz fueron Elí attá (Tú eres mi Dios), que se encuentran en cuatro salmos. Si es que no citó, como tradicionalmente se sostiene, el comienzo del salmo 22, 2, lo que no es descartable. O solamente Elí (Dios mio), que significa el reinado divino de compasión y clemencia. Por ejemplo, Tú eres mi Dios y te doy gracias (salmo 118, 28, conclusión de los salmos  Halel, comenzados tras la última cena.

Mateo, como es su costumbre, complementa el relato común de la crucifixión con el comentario popular sobre fenómenos extraordinarios acaecidos justo después de la muerte del crucificado, y de signo apocalíptico: oscurecimiento del sol, temblores de la tierra, resurrección de los muertos y aparición a muchos en Jerusalén. Anticipación, en sentido  teológico, de la lucha escatológica y del gran poder de Dios, comparado con los insignificantes obstáculos humanos.

Marcos y los dos siguientes evangelistas ponen en boca del centurión gentil la confesión de fe en Jesús, en contraste con la negación del sumo sacerdote judío. Una nueva inclusión artística de Lucas es la mención de una multitud dándose golpes de pecho por la injusta muerte del Nazareno. Más probable es la presencia, por él también anotada, de conocidos de Jesús y de mujeres galileas, desde lejos. Verosimilmente, había una tradición preevangélica sobre estas mujeres galileas que observaban la crucifixión a distancia, y un esquema narrativo ternario con referencia fja a tres mujeres, dos de las cuales eran María Magdalena y otra María, mujer de Cleofás, a las que se añadió una tercera, según los distintos evangelios: Salomé (Marcos); la madre de los hijos de Zebedeo (Mateo); Juana (Lucas) o la hermana de la madre de Jesús (Juan).