Mañana del 2 de enero,
novecientos trentaiséis.
En la iglesia de Mañeru
–agua siempre en escasez-
con agua me bautizaron
sólo a un día de nacer:
¡El limbo, por aquel tiempo,
era mucho de temer!
Presentes: la comadrona,
el párroco don Manuel,
el padrino, abuelo Víctor,
mis primas Carmen y Eduarda
y un monagullo tal vez.
Todos, probados católicos,
dieron cuenta de mi fe
futura, casi segura,
y en su fe presente y pura
cristiano me bauticé.
La comunión de los santos
-también de las cosas santas–
para estos casos es.
Hoy celebro mi bautizo
con fe resuelta, con fe
dentro de la Iglesia,
Pueblo de Dios, Pueblo fiel.
Contento y agradecido
de haber nacido y vivido
¡tantos años!
dentro de él.