Católicos sociales

El día 20 de febrero de 1936, terminadas las elecciones con el triunfo pírrico en votos del Frente Popular, Manuel Azaña, flamante presidente del Gobierno, dedica parte de sus reflexiones diarias a la entrevista mantenida en el despacho del azañista Amós Salvador, nuevo ministro de la Gobernación, con el democristiano Manuel Giménez Fernández. Profesor sevillano, republicano, ex ministro de Agricultura con dos gobiernos radical-cedistas y líder el más social de la CEDA, a quien Gil Robles le había encargado una serie de contactos con los dirigentes de partidos republicanos en aquella situación política tan delicada y grave, el político alcalaíno, como es habitual en él, describe a su interlocutor con desprecio y anota mordaz que nunca le ha oido hablar ni ha leido nada suyo: «Ignoro si vale para algo«. Interpreta su visita sólo como una señal de miedo de la derecha católica tras perder las elecciones. Y añade unas líneas muy interesantes, que resumen bien cómo se veía en aquel tiempo, y hasta hace bien poco, desde fuera de la Iglesia, y más desde el mundo anticlerical y antieclesial, a los cristianos sociales: «Estos cristianos sociales reeditan la posición de Ossorio hace veinte años. Rigurosamente fracasada. En España lo «cristiano» es específicamente católico. Lo social, en cuanto sale de academias y ateneos (a veces sin salir), y abarca intereses vivos de las clases, es anticatólico. Y el catolicismo militante es acérrimo defensor del orden establecido. No sé cómo pueden conciliarse en una política ambas tendencias. Quien la mantenga de buena fe y con miras de conservación social está destinado al fracaso y la soledad, sobre todo entre las clases conservadoras. Porque las otras, ni siquiera lo oyen«. Después de espetar al diputado católico que los atropellos y asaltos de iglesias, periódicos y centros derechistas, de los que éste se queja, son «el resultado fatal de una opresión de casi dos años«, remata Azaña «riendo»: «Tienen ustedes que convencerse que la derecha de la República soy yo y ustedes unos aprendices extraviados».