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Inundaciones

 

             Cuando voy a escribir hoy la entrega diaria en mi cuaderno de bitácora, todos los medios informativos, nacionales y locales, se llenan con noticias y fotos de las trágicas inundaciones en media Navarra  y sobre todo en Pamplona. Acostumbrado a visitar, todos los inviernos, la crecida de los ríos como fenómeno climático y estético, me siento inútil e impotente para hablar de los desastres actuales, con pérdida de una vida y varios casos de extremo peligro humano, amén de las tremendas pérdidas de todo género.

Luego me acercaré a ver las consecuencias visibles de esta catástrofe. Y me callo en recuerdo y homenaje de tantos paisanos que sufrieron tanto ayer, han dormido mal  o no han dormido, y hoy seguirán sufriendo.

MasterChef

 

        Había visto en TVE solo algunos programas sueltos, varios del MasterChef infantil y algunos de los últimos del penúltimo que ganó Tamara. Esta vez, he visto en diferido los dos últimos programas del concurso ganado por Miki y Juanma Castaño, a quien suelo oír de vez en cuando en El Partidazo de COPE.

Estupendo fue el penúltimo. Pero el programa final me entusiasmó. Me penó no haberlo visto a tiempo y dentro de la apasionada carrera por el triunfo final. Qué organización perfecta. Qué cuarteto de jurados tan templado y trabado. Qué señorial el chef invitado, que fue el eje técnico del concurso de la noche. Qué geniales los dos concursantes, qué sentido del humor, qué humanidad, qué habilidad aprendida con tanto esfuerzo y ya magistral. Y, para colmo, el encanto fascinador de los parientes: la niña traviesa y parlanchina de Miki, emocionado hasta las lágrimas por la muerte reciente de su madre; la madre maternal, cotidiana, de Juanma, y su bella Elena, esa periodista, con ligero acento catalán, a la que oigo en la radio nocturna informarnos sobre el Barça y que allí brillaba como una Musa…

Qué bonito espectáculo, por Dios. No me extraña ahora el éxito del programa. Y yo, que lo pretería casi siempre por lo que me parecía más interesante o más urgente… Cómo nos equivocamos a veces los que nos creemos listos…

ENSÒ (Círculo)

 

          Quien conozca la exigente obra pictórica de Koldo Sebastián del Cerro, bien presente en este cuaderno, y especialmente, desde 2013, la serie Infiniverso, no se extrañará demasiado al ver su nueva exposición en las dos salas del Museo Gustavo de Maeztu de Estella. Porque vive en continuidad profunda con su obra anterior, de la que puede ser su coronación. A la entrada del Museo nos encontramos con una pequeña introducción de Mieko Yoshida (1941-2021), artista japonesa, recientemente fallecida, muy vinculada al artista navarro y a su familia:

Creo que la vida es un trazo que comienza y termina en el mismo punto. Desde ahí, en el el preciso instante en el que ese gesto fugaz concluye con la muerte, regresamos donde ya estábamos antes de iniciar nuestra biografía y volvemos a ser lo que realmente somos: esencia eterna del infinito. La cultura japonesa entiende la figura circular como un símbolo sencillo y pleno que representa el universo y nuestra conexión trascendente con ese todo del que formamos parte.

Y a la conquista de ese todo entrañable, de y en cuya entraña vivimos; de ese infinito, por medio de círculos de madera o de acero, de muy variada magnitud, pintados con toda la gama del azul celeste, sin que falten nunca los puntos, que somos nosotros, se ha lanzado Koldo Sebastián, en una carrera que no tiene fin.

La muestra acaba cautivándonos como un cielo estrellado en una de esas noches misteriosas cantadas por Fray Luis de León.

Si, además, añadimos el encanto románico del Santo Sepulcro; los altos muros góticos de Santo Domingo; la vista del Ega impetuoso e incontenible desde la cima del puente; el sereno silencio de la Rúa medieval bajo la lluvia; la coqueta plaza de San Martín, un día centro del barrio de los francos; la fachada rernacentista del viejo ayuntamiento; el inaccesible templo románico de San Pedro, y el combate entre Roldán y Ferragut en un capitel  de la fachada del mismo Museo…, la mañana no puede ser más completa. Casi circular.

Ave, La sine labe

 

 

                                                            Ave,

                                                            La sine labe,

                                                            por ser la madre de Dios.

 

                                                           La pureza inmaculada

                                                           es la prenda regalada

                                                           de los dos.

«Quítate el vestido de luto…»

 

                            Baruc 5, 1-9

Pueblo mío, Jerusalén,
quítate el vestido de luto y de penas
y vístete con las galas
de la gloria gozosa de Dios.
Porque Él mostrará tu esplendor
a todas las naciones
y te dará para siempre el nombre
Paz en la justicia y gloria en la piedad.

Levántate, pueblo mío, y mira hacia oriente.
Contempla a todos tus hijos,
convocados por Dios en todos los espacios del orbe,
disfrutando de su grato recuerdo y su alegre presencia.

Si un día se fueron huyendo,
o arrastrados por crueles enemigos,
ahora Él  te los devuelve,
luminosos de gloria y en litera real.

Dios ha ordenado ajustarse a la misma geografía:
rebajará los montes elevados y las dunas prominentes,
y, en cambio, rellenará los valles y barrancos
para hacer así seguro el paso del pueblo de Israel.
Los bosques y los árboles fragantes
le darán sombra y perfumes,
y Dios, justo y compasivo,
los conducirá a la luz alegre de su gloria.

 

Anochecer en Javier

 

        3 de diciembre, seis menos cuarto de la tarde. Subido al altillo de la escalera del templo del castillo de Javier, veo caer la noche sobre la iglesia parroquial y la abadía, que hicieron levantar el año de 1500 el señor de javier, Juan de de Jaso, y su esposa María de Azpilcueta. Todavía conserva el conjunto su estructura original y el patio los grandes y cortantes ruejos del suelo. Media docena de cipreses itálicos montan la guardia, entre clásica, fúnebre y mística. La mínima luz de la anochecida cierne la alta lluvia de las nubes y la deshace en unas leves gotas titubeantes. El brillo de los ventanales del cercano hotel alumbra de perfil el busto de Juan Pablo II, que aqui presidió una eucaristía festival y gloriosa en 1982.

Hasta aqui me llegan los lejanos ecos de aquella efeméride y de tantas javieradas concluidas en esta misma explanada. Y me acuerdo de aquella otra, inmensa, frente a la iglesia del santo en Goa la Vella, atiborrada de peregrinos fervorosos venidos de toda la India. Y, ahora que ha caído la noche sobre Javier, me viene a la memoria la triste y desapacible playa de Sancián, isla a las puertas de China, hacia donde espera el Maestro Francisco embarcar. Se ha ido, sin despedirse, su protector y anfitrión Jorge Álvarez. No ha venido el mercader chino que debía llevarle a Cantón.  Enfermo desde el día 21 de noviembre, y abrasado de fiebre, el mercader Diego  Vaz de Aragón le ha dejado un sitio en su choza, abierta a los grandes fríos de la noche. La del 2 al 3 de diciembre, un poco antes de que amaneciese, muere allí el misionero jesuita, agarrado a su crucifijo, acompañado solo por su fiel Antonio de Santafé.

Me parece haber oído el batir de una breve y fría ola junto a  la costa.

El Patrono de todos

 

    Lamentaba ayer en DN mi amigo Luis Landa que desde 2016 diversos partidos hayan querido relanzar en la misma jornada de la fiesta de San Francisco de Javier el Día internacional del euskera y el día del pueblo vasco. ¿Quieren erradicar, según él dice, la tradición cristiana? Más bien, según parece, quieren aprovecharse de ella, en un gesto plenamente nacional-católico, que ellos suelen teóricamente denigrar, confundiendo lo político con lo religioso. Es como si los partidos  catalanes, dando por buena la venida de San Pablo a Tarragona, celebraran, en la fiesta del santo apóstol, el Día internacional del catalán, o los partidos gallegos, en la fiesta de Santiago, el Día de la lengua gallega…, porque tal vez los que descubrieron su sepulcro hablasen también gallego.

En nuestro caso, dan por cierta la lengua vasca de Francisco de Javier, cosa que está por demostrar, y que su mejor biógrafo en lengua española, el guipuzcoano jesuita P. Recondo, tras 40 años de investigaciones, no pudo ni supo aclarar. ¡No lo sabemos! El mayor de los argumentos a favor, la atribución del idioma vizcaíno por el propio santo, lo rebate Recondo recordando que en los siglos XVI y XVII  vizcaíno era la lengua castellana hablada por vascos o hijos de vascos, como en el episodio del vizcaíno de El Quijote.

Pero, por fortuna, San Francisco de Javier, patrono de Navarra y de todo lo que se le quiera añadir, es patrono universal de las misiones católicas, de todos los misioneros, y de  numerosas comunidades cristianas de la India, Japón, Indonesia, Malaca… y de todo el mundo.

Cancionero de la vida contra el terror

 

           Recito hoy en Pamplona -la poesía no se lee, se recita- 20 veinte poemas, entre otros muchos, éditos e inéditos, recogidos en un volumen que se titula así. Algunos, con cientos de versos; otros, solo  con cuatro: líricos, dramáticos, trágicos, y también humorados, de humor entre negro y bilioso. De muy varias formas métricas. De inspiración también diversa; desde las Cantigas, de Alfonso X, hasta Antonio Machado, Nicolás Guillén, Rafael Alberti  o Federico García Lorca Lorca, pasando por  Cristóbal de Castillejo o Lope de Vega.

Baste esta cuarteta:

                                                       Euskalduncito, que vienes
                                                       a Euskadi, te ampare Dios:
                                                       O eres  independentista                     
                                                       o eres un pobre español.

Una belleza devaluada

 

          En su último libro traducido al castellano, el mismo año (2015) en que fue publicado en alemán, La salvación de lo bello, Byung-Chul Kan se despacha largamente sobe la belleza y la degradación de la misma. Califica la estética dominante hoy de dulzarrona y de fácil consenso. Objeto de agrado pasajero, ni consistente ni durable. Una belleza comodona y banal, que ni hiere, ni incomoda, ni remueve, como lo hace la verdadera belleza.

Kan tiene en mente, al titular du libro, la famosa novela de Dostoievsky, El idiota. Cuando el joven Hipólito, que está muriéndose de tisis  en su cama, pregunta al príncipe Myskin si reafirma que este mundo será salvado por la belleza y qué belleza salvará al mundo, el príncipe se callá, como se calló Jesús ante Pilatos, que le preguntaba por la verdad. Él quería, con su sola presencia y acompañamiento, decirle que la belleza que salvará el mundo es la compasión que comparte el dolor.