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La decisión crucial de Jesús de Nazaret (II)

 

 

Al someterse al mensaje y bautismo de Juan,
fue Jesús discipulo del maestro bautista.
Compartía con él recorridos bautismales
por el valle del Jordán, ayunos, penitencias
y tiempos de oración y comunes reflexiones.
Era Juan, según dijo después a sus nuevos seguidores:
el más grande entre los nacidos de mujer.

Estaban con él Simón y  Andrés, su hermano,
igual que Felipe, vecino también de Betsaida,
y el bueno de Natanael, que más tarde
siguieron a Jesús y se hicieron sus discípulos.

Nunca olvidaron lo aprendido de Juan.
También Jesús, al comienzo de su vida pública,
proclamó un mensaje sobre el fin inminente de la historia,
exigió de los suyos el cambio radical de conducta,
eligió un grupo de amigos para compartir su vida
y limpió sus pecados con el agua del bautismo ritual.

 

 

Plácido

 

Ayer, en su serie Classics de los viernes, nos regaló La Trece la mejor película de Luis García Berlanga, Plácido.

Una radiografía esperpéntica, vallinclanesca, de la España de 1961, entre la del hambre de la posguerra y la desarrollista de los sesenta-setenta. Con los mejores actores del momento, encabezados por Joé Luis López Vázquez: los pobres de solemnidad, los pobres no solemnes, la clase media, los bancos, los notarios, los periodistas, las actrices, los actores, los médicos, los curas, los matrimonios, las parentelas, las fiestas, las costumbres, los regalos, la Navidad del siente un pobre a la mesa… Con un comienzo (el tren de las actrices, la caravana, los carromatos, la subasta…), que recordaba tanto a Bienvenido Mr. Marshall… Y con esa secuencia genial del pobre solemne -Pascual, por cierto-, a quien durante la cena le da una angina de pecho y le casan entre todos con su prójima, otra pobre solemne, in artículo mortis. Todo jovial, alegre, amable, compasivo, aun dentro de la tristeza, la miseria o la desgracia. Sin asomo de rencor, sin amargura. Pero sobre todo, la radiografía del alma humana: pobre, egoísta, ególatra, privativa, primitiva, interesada, mezquina, vanidosa, altanera, aparente, recelosa, superficial, envidiosa, hipócrita, de pane lucrando, quien pilla, pilla… Y todo, como contraste, la tarde-noche de Nochebuena (¡Felices Pascuas!, una y otra vez), con un triste villancico final: Madre, en la puerta hya un niño, que termina tan poco navideñamente:

Porque en esta tierra
ya no hay caridad.
Ni la ha habido nunca,
ni nunca la habrá.

 

 

 

El barómetro de Deusto (y II)

 

          En lo que respecta a la autonomía, prefiere la independencia de Euskadi un 14, 5%. Le gustaría una autonomía mayor a un 36, 2%; que conserve  la misma que hoy, a un 30, 2%; que tenga menos autonomía que la actual desea un 3,4%, y que no tenga ninguna, un 2´7%. El sentimiento nacionalista vasco alcanza (escala de 0 a 10) una media de 5,3%. El referéndum que la mayoría  prefiere es aquel que se lleve a cabo sobre los problemas del día y del lugar (68,5%) o sobre cuestiones de índole económica: presupuestos, fiscalidad… (61,7%). Todavía un 17% de jóvenes entre 16 y 24 años justifica la violencia política para conseguir fines políticos; en las demás edades, especialmente entre los mayores, es cassi residual.

Desean un cambio de Gobierno en Euskadi un 41,7% frente a un 30,1%. Mientras que un 39,1%, contra un 35,2ª lo desean para el conjunto de España. Una gran mayoría anhela la cabeza de una mujer en ambos casos. Pero, si un 70,8% cree que no habrá cambio en Euskadi en las próximas elecciones autonómicas, un 36,5%, frente a un 34,6%, cree que lo habrá en las próximas elecciones generales de España.

Por lo demás, la gran mayoría se pronuncia contra los recibimientos festivos a los ex-presos de ETA y contra el olvido sin más de la violencia etarra, a la vez que se muestra favorable al diálogo entre víctimas y victimarios y al relato que sea fruto del diálogo y compromiso sobre lo ocurrido. 

La verdad es que me ha sorprendido el criterio mayoritario de los encuestados sobre el aprecio de la lengua materna en educación, antes principio sagrado, que ahora se saltan a la torera todos los Gobiernos naconalistas, y a la vez su indisposición contra la enseñanza concertada, quizás por ser la más mimada por el PNV y la más excepcional en toda España. El corto número de los que optan por la independencia era ya cosa sabida, pero esta respuesta ha de ser relacionada con ese alto número de los que desean una autonomía mayor, que en la cúpula del partido hegemónico y en muchos de sus votantes equivale a la confederación, con derecho de decisión, lo que los acerca demasiado a la independencia. Está claro que se trata, en general, por las respuestas dadas a la encuesta, de un País próspero, donde se vive bien y se sabe que se vive bien. Creo que el nacionalismo vasco, no solo como sentimiento, sino como principio regulador de toda la Comunidad, es muy superior a ese 5,3%. No hay más que mirar esa tabla de preferencias, que son las del nacionalismo moderado y radical. ¡Y qué malos son, desde esa perspectiva, la Monarquía y la Iglesia! La Iglesia española, ya se sabe. En cuanto a la relación con ETA, su terror (en la encuesta, solo violencia), y su memoria, las preguntas no son muy rigurosas y las respuestas son menos concretas de lo que debieran ser. El diálogo es con demasiada frecuencia un comodín comodísimo para desurdirse de cualquier compromiso y, aplicado al relato del terror, una manera de no ponerlo en su sitio y de no juzgarlo con criterio de justicia y de humanidad.

 

El barómetro de Deusto (I)

 

       El Deusto Barómetro Social, en su  XV Informe de resultados. Invierno 2021, nos muestra que los probblmas que más preocupan a los habitantes del País Vaco o Euskadi son la pandemia (41,9%) y, a una notable distancia, la atención sanitaria (21,2%), y el precio de la luz (20,6%). En la cola quedan la relación con Estado Español (4,3%), los problemas del euskera (2,6%) y, no digamos, el conflicto de Cataluña (0,2%).

La situación económica en el País Vasco le parece a una gran mayoría: buena (36,9%) o regular (47,8%), y otra mayoría similar piensa que el año que viene será igual.

En la valoración positiva de las principales políticas públicas llevadas a cabo en el País, el transporte público se lleva la nota más alta, seguido por la atención sanitaria, y la peor nota es para la administración de Justicia, precedida por la politica de vivienda.

En el campo de la educación, una mayoría amplia opta por la promoción de la escuela pública. Solo un 16,4% quiere que se estudie todo en euskera (modelo D); un 43,4% desea que se permita estudiar en la lengua materna (castellano o euskera). Pero un 37% apuesta por la desaparición de la escuela concertada (ikastolas y colegios religiosos), proporcionalmente la más numerosa de España.

Acerca de la situación política, la considera buena un 26%, y regular un 47,2%. La calidad de la democracia en Euskadi (en una escala de 0 a 10) da una media de 5,7. La del conjunto de España es un punto más baja: un 4,13. En la  tabla de Confianza en las instituciones, vascas y españolas, las más estimadas son la Universidad (5,8), las pequeñas empresas (5,79), y la Ertzaintza o policía vasca (5,25). Todas las demás suspenden: Gobierno  vasco (4,56), Gobierno central (3,30)… Las útimas en generar confianza aparecen los partidos políticos (2,45), la Iglesia católica (2,01) y la Monarquía (1,63).

Diferencia y desigualdad

 

                          Una cosa es la diferencia y otra la desigualdad. Ambas son dimensiones materiales y morales  a la vez. Uno puede ser diferente e igual. O diferente y desigual.

Todos somos diferentes por naturaleza. Hay muchas clases de diferencias: mejores y peores. Una de las mayores aberraciones del género humano es hacer resaltar y cultivar las diferencias peores, que son las peores desigualdades: las que se oponen a la libertad, igualdad y la solidaridad de los seres humanos con los que se convive.

Últimos aforismos

 

 No hay verdad moderada. Hay, eso sí, cultivadores moderados de la verdad.

Los populistas creen que son populares. Y nadie de entre los populares cree ser populista.

Los ojos más grandes que la tripa, reza el dicho español. Más grandes, no: más altos y con mayor poder de visión.

El patriotismo, virtud cívica, es my diferente del nacionalismo étnico, extremo o exasperado, y hasta de cualquier nacionalismo. Pero muchos de los más perversos nacionalismos se escudan tras el nombre de patriotismo.

«Bergoglio, alias el Papa»

 

         Escribe Cayetana Álvarez de Toledo en el libro antes mencionado, recordando su célebre reacción ante los bufos Reyes Magos del primer año de la alcaldesa Carmena en Madrid:

A mí, la agnóstica hasta el advenimiento de Bergoglio, cuando me proclamé atea hasta nuevo aviso.

No me cabe en la cabeza que una persona tan inteligente y que cultiva el culto a la racionalidad pueda pasar del agnosticismo al ateísmo por el simple cambio de papa.

En otro momento rechaza con razón que para ser centrista haya que comulgar con los curas peneuvistas y el monje Junqueras. O alabar a Bergoglio, alias el Papa, ídolo de la dictadura venezolana.

Tampoco le cuadran mucho a una diva tan culta, de vida tan refinada y lujosa, bromas de mal gusto, de mal gusto no se sabe si pueril o senil.

Claro que algo se aclara , o se confunde todavía más, cuando en la página 180 leemos: Una chica agnóstica de mi generación, nacida en una familia heterodoxa, desde luego, con una madre soltera (…), pero yo sí bautizada, confirmada y casada de blanco en el Real Monasterio de Santa María de Pedralbes y con música de Händel y Bach. Una firme partidaria del intelectual Ratzinger frente al populista Bergoglio y de la misa en latín frente a la guitarrita vernácula.

La decisión crucial de Jesús de Nazaret (I)

 

Jesús conocía el mensaje escatológico de Juan
y estuvo un tiempo en el redil de sus discípulos.
Porque coincidía en buena parte con él mismo:
estaba a punto de llegar el fin de la historia de Israel;
Israel se había descarriado, había apostatado de su Dios
y estaba en peligro de ser consumido por el fuego
del juicio de la ira divina, ya inminente.
Los hijos de Abrahán debían salvarse en ese juicio
con un cambio profundo de mente y corazón,
un cambio profundo en su manera de vivir,
sellado con el agua del bautismo de Juan el Bautista.

Jesús vio en Juan el profeta enviado por Dios en los últimos tiempos
a todo el pueblo de Israel, instándole a confesión y penitencia.
Jesús se sentía parte de su pueblo, pueblo pecador
y por eso aceptó y recibió el agua sanadora de bautismo:
para poder integrarse en el grupo israelita
que había de salvarse en el día decisivo del juicio final.

Desde los tiempos de nuestros padres -clamaba Esdrás a Yahvé-
hasta hoy hemos sido culpables. Por nuestros crímenes
hemos sido castigados, junto a nuestros reyes y sacerdotes.
a reyes extranjeros, a la espada, la esclavitud,
al saqueo y al oprobio.
Y en Qumrán, en el rito del ingreso

en la Comunidad de la Alianza,
escuchamos similar lamentación:
Hemos cometido inquidad, hemos transgredido,
hemos pecado, hemos hcho el mal,
nosotros y nuestros padres, antes que nosotros.

La Fortuna

 

     Nos cuenta el autor del Viaje de Turquía que Filipo, rey de Macedonia, teniendo noticia de tres cosas buenas que le habían sucedido en un solo día, levantando las manos al cielo, dijo: ¡Oh, Fortuna, págame tantas felicidades con alguna pequeña desventura!, no ignorando la grande envidia que la Fortuna tiene de los buenos sucesos.

Y Terámenes, uno de los treinta tiranos de Atenas, habiendo escapado del hundimiento de una causa, y mientras todos le tenían poer feliz, exclamó conn una gran voz: ¡Oh, Fortuna, ¿para cuándo me guardas? No pasó mucho tiempo que no le matasen los otros tiranos.

Hemos confundido el sustantivo, el adjetivo y el adverbio de este sintagma con la Fortuna amable y benevolente, una especie de Providencia laica. Y con secundarios significados como  suerte, éxito y hacienda. Pero hemos olvidado la primera definición-descripción del diccionario: Encadenamiento de los sucesos considerado como fortuito.

«El futuro no es lo que era»

 

          Hoy, precisamente hoy, cuando en DN me entrevistan sobre mi libro Cancionero de la vida contra el terror, parcialmente reeditado, llego a la página 86 del libro de Cayetana Álvarez de Toledo, Políticamente indeseable, apasionante como una buena novela, donde recuerda las palabras de todo un Felipe González de 2001 en un mitin en Bilbao, cuando Redondo Terreros y Mayor Oreja intentaban sustituir al PNV en el Gobierno Vasco:

Nicolás, no te equivoques, nuestros aliados son los del PNV.

Solo dejaron de serlo, parcialmente, para un Gobierno corto de Patxi López durante tres años, y volvieron pronto a serlo, hasta ahora mismo. Más triste es aún la recordación de lo escrito por González y por el entonces poderoso periodista Cebrián en el libro editado, ese mismo año, El futuro no es lo que era. En él comparaban la victoria de Aznar por mayoría absoluta con la resurreción de Franco, y, lo que es peor, exigían a Zapatero, secretario general del PSOE, un pacto con el nacionalismo contra la derecha. ¡Y vaya si les hio caso! Hoy todavía, el responsable número uno de la Gran Involución en España expande esa doctrina por España, Venezuela y otros países de Iberoamérica.

Es cierto que tanto González como Cebrián hace años que no piensan lo mismo. Pero qué doloroso es  recordar o que nos recuerden -¡tan cortos somos de memoria, es decir, de lucidez!- que aun los mejores cometieron tamaños disparates, que nos llevaron o nos trajeron a donde hoy estamos.