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Domingo segundo de Pascua

Encuentro con los discípulos 
Jn 20, 19-31

La paz, la definitiva
palabra de salvación,
no les da la pax romana
ni les da el emperador.
La paz alegre y perpetua
les trae solo el Señor,
verdadero y soberano,
que murió y resucitó.

Del temor a los judíos
los libera y los envía
como el Padre le envió:
con el soplo del Espiritu,
el principio creador
que recrea a los apóstoles
con la gracia del perdón,
vencedor de odio y de muerte
con la fuerza del amor.

Tomás, el típico incrédulo,
el malo en la narración,
exige sólo evidencias,
como tanto fieles tibios
de cualquier generación.
Pero, ocho días más tarde,
le encuentra el mismo Señor
que ha encontrado a sus amigos,
y ese día sus dos manos
y el costado les mostró.
Y Tomas dice ferviente:
– Señor mío y Dios mío 
Impecable confesión.
(Dominus et Deus noster
llaman al emperador)
– Porque me has visto has creído 
le dice Jesús, y Juan
remata así su lección:
Dichosos los que no han visto 
y creen en su Señor.

La aparición a los Once

 

(Ver La aparición a la comunidad, 25 de abril de 2021)

 

Lc 24, 36-43

 No faltó en la Iglesia primitiva
quien negara a Jesús como hombre verdadero
y quien negara la realidad del cuerpo de Jesús:
ángel o arcángel, cuerpo aparente…

Los cuatro evangelistas, catequistas pascuales,
saben bien que el cuerpo resucitado del Mesías
no es espacial ni temporal, sino transfísico,
capaz de traspasar puertas, paredes y ventanas,
de aparecer y desvanecerse en un segundo, pero siempre y a la vez
sólidamente corpóreo.

 Lucas  consigue en el encuentro con los Once «y  los que estaban con ellos»
-mujeres galileas, parientes y la madre de Jesús-

una acabada cristofanía antropomórfica:
el Jesús resucitado no es un espíritu o fantasma,
 tiene un cuerpo glorioso, pero cierto,
con las manos y pies que los clavos traspasaron.
El hombre de carne y hueso que fue
 sigue siendo  tan real,
que puede hasta comer el pescado que sobró.

Los apóstoles agradeceden la  paz del Maestro,
que no es la paz de Roma, ni aquella que el mundo puede dar.
Pero algunos están asustados y confusos,
asombrados y alegres a la vez,
el corazón envuelto por las nieblas de las dudas,
hasta el encuentro decisivo
con Jesús Crucificado, vencedor de la muerte.

Excelente antimodelo para todos los creyentes,
de entonces y de ahora,
judíos y griegos,  de todas las naciones,
cristianos vacilantes,
esperando el encuentro salvador.

El encuentro con la Magdalena

 

       (Ver las notas de los días anteriores. Ver La visita de las mujeres en la bitácora del 5 de abril de 2021.  O La aparición de Jesús a María Magdalena, el 15 de abril de 2020)

El encuentro con la Magdalena

Jn 20, 11-18

Ni Pedro ni María de Magdala
creyeron de buenas a primeras.
Volvió María al sepulcro
tras anunciar a los discípulos la ausencia del cadáver.
Mujer comprometida,
discípula ideal, que buscaba llorosa al Maestro en todas partes,
quería saber dónde le habían puesto,
deseosa de llevárselo con ella.

El evangelista Juan compone aqui
toda una trama reveladora,

una bella epifanía de Dios.
Dos ángeles testigos, blancos de cielo, voz y figura de Yahvé,
y el mismo Jesús resucitado, a quien confunde con el hortelano,
le preguntan por qué llora. ¡Ya no es tiempo de llorar!
Pero cuando el Buen Pastor la llama por su nombre,
entonces cree,
se abren sus ojos a la fe, y se arroja a los pies del Maestro:

–Rabunni (Maestro, mi Señor)…

María es la primera misionera, la encargada de anunciar a los discípulos,
devenidos hermanos,
que Jesús sube al Padre,
más Padre y Dios para nosotros ahora,
pues la antigua Alianza se ha cumplido hasta el final.

El bulo del robo del sepulcro

 

  (Ver el romance de El sepulcro vacío, en la bitácora del 11 de abril de 2021. Añado  ahora otra versión, en verso libre, y más completa en cuanto al texto del segundo evangelista)

Mt 27, 62-66 y 28, 4, 11-15

Mateo evangelista cuenta al final de su Pasión
que sacerdotes y fariseos pidieron a Pilato
una guardia del sepulcro, que evitara el robo del cadáver de Jesús
por los discípulos del que había prometido
que, al tercer día, iba a resucitar…
¡Cuando ni siquiera los Doce lo sabían!

Pilato les concedió el favor, y ellos sellaron la piedra de la tumba.
Mateo se mofa luego de los supuestos guardianes, cuando, al descenso del ángel,
se pusieron a temblar y quedaron como muertos.
Cuenta después que, enterados los sumos sacerdotes y ancianos de todo lo sucedido,
dieron dinero a los soldados
para que dijeran que los discípulos del aquel impostor
robaron por la noche el cadáver, mientras ellos dormían.
Y que, en todo caso, ya se las arreglarían con el Prefecto.

Soborno, mentira y complicidad con los romanos ocupantes,
recalca Mateo en la actuación de los jefes religiosos.

Y esta versión se corrió  entre los judíos hasta el día de hoy.
El bulo existió tal vez y el sagaz evangelista lo aprovechó de lo lindo.
O él mismo se lo inventó, excelente apologeta.

 

Domingo de Resurrección

 

        (Los poemas sobre el domingo de Pascua y siguientes días pascuales, pueden verse en este cuaderno de bitácora, año tras año, desde 2006)

La visita al sepulcro

Jn 20, 1-9

                       (Los relatos pascuales  son un desarrollo narrativo y teológico de lo que experimentaron los discípulos en los acontecimientos pascuales a raíz de la verdad de la resurrección y glorificación de Cristo. Los relatos pascuales son verdaderas construcciones  teológicas.

Como tales construcciones, los relatos pascales visualizan y dramatizan acontecimientos únicos, que no se pueden describir fácilmente, pues se trata de una experiencia que los hombres no pueden inventar ni descubrir racionalmente. No se pueden, por eso, leer al pie de la letra, literalmente. El Resucitado es solo alcanzable mediante el lenguaje simbólico, la forma más propia para expresar la experiencia religiosa. Los evangelistas, a través de significantes varios -ver, tocar, oír al Resucitado o a seres celestes-, lo que intentan es  comunicar diversos significados teológicos, históricos o apologéticos. Nunca pretendieron afirmar que el Resucitado fue visto en forma física y sensorial, lo que no obsta para que fuera real. Como cuando hablamos de Dios).

Comienzo de un tiempo nuevo.
Primer día semanal.
María, la de Magdala,
la discípula leal
seguidora de Jesús,
ha querido madrugar
y ha visto la luz del día
aventar la oscuridad.

Es la primera que ve
la novedad.
Ve «la piedra removida»,
ve «los lienzos en el suelo»,
y ve el «sudario enrollado»
en diferente lugar.
Corre y dice a los discípulos
lo que acaba de encontrar.

Corren Pedro y un amigo,
el discípulo ideal
predilecto del Maestro,
pero este corre más,
aunque no entra en el sepulcro,
por deferencia quizás
a la autoridad de Pedro
o a su edad.

Pedro ve también los signos
de la muerte removida
de su poder sepulcral,
pero duda, porque es duro
de pelar.

Solo el discípulo amado
cree allí sin rechistar,
poque el amor tiene cosas
que es imposible explicar.

Los  Doce no comprendieron
hasta ese día cabal,
ni con la Escritura en mano,
eso de resucitar.
Lo dice, ni más ni menos,
el evangelista Juan.

Sábado Santo

 

     (Los poemas dedicados a este día pueden verse en todas las fechas de los Sábados Santos, desde el año 2006. El poema  La Sepultura de Jesús, el día 3 de abril de 2021)

 

La noche del viernes al sábado santos

 

Yo también quiero, María,
mientras tú rezas y lloras,
acompañarte unas horas
en esta noche vacía.
Vacía de quien podía
librar el mundo de duelos
y apaciguar los revuelos
de tu inmenso corazón.
Déjame que en tu aflicción
busque también mi consuelo.

Viernes Santo

 

     (Poemas sobre el Viernes Santo, todos los los Viernes Santos en el cuaderno de bitácora desde 2006. La muerte de Jesús, en la bitácora del día 2 de abril de 2021)

 

Camino del Calvario

Mc 15, 20b-21; Mt 27, 31b-32; Lc 23, 26-32; Jn 19, 16b-17a

 

Los soldados romanos sacaron a Jesús del Pretorio
hacia las afueras de la ciudad,
donde crucificaban a los reos.
Pronto obligaron a uno que pasaba por allí,
un tal Simón de Cirene, que venía del campo,
a llevar la cruz del condenado,
la parte horizontal del madero –patíbulo-,
donde habían de colgarle.
La suma debilidad del azotado
obligó seguramente a los soldados
a buscarle un sustituto.
Marcos conoció a sus hijos, de nombres grecorromanos,
Alejandro y Rufo,
miembros tal vez de la asamblea cristiana.

Siempre sensible a la presencia de la mujer
y propenso a mostrar en cualquier momento
el amor y la ternura de Jesús,
el evangelista Lucas
añadió aqui un oráculo profético y sapiencial del Maestro
sobre el próximo devenir de la ciudad
dirigido a unas hijas de Jerusalén que le seguían,
dándose golpes de pecho y lamentándose
por el condenado a muerte.

No era fácil por entonces
sortear la rígida custodia militar
ni esperar respuesta alguna de aquellos pobres hombres
que apenas podían sostenerse.

La devoción cristiana de todos los tiempos
se interesó por este espacio, llamado vía-crucis, camino de la cruz,
para acompañar a su manera a Jesús de Nazaret.
Imaginó, realista, tres caídas dolorosas,
y, menos realista, al alivio de Verónica, la mujer compasiva,
o el encuentro con María, la madre de Jesús.

Ni siquiera el tercer evangelista lo menciona,
pero escribe que, además del Nazareno,
los soldados romanos llevaban también dos malhechores
para ejecutarlos con él.