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Que por mayo era, por mayo…

                            Que por mayo era, por mayo,
                            cuando hace la calor,
                            cuando los trigos encañan
                            y están los campos en flor,
                            cuando canta la calandria
                            y responde el ruiseñor…

Ayer, fiesta de san Isidro, en torno a las ermitas románicas de San Pedro de Echano y del Cristo de Catalain junto al embalse de Mairaga, no hacía calor y chispeaba. Los trigos y cebadas estaban encañados; las cebadas a punto de volverse ceriondas. Los campos estaban en flor múltiple y exultante. No vi ni oí cantar las calandrias, que para eso suben hacia el cielo, y el ruiseñor todavía no había llegado a la Valdorba, pero sí oímos a los omnipresentes mirlos dar los últimos afinamientos a sus monótonas flautas. Había un silencio prieto y solemne, como de grandes fiestas. El santo patrono de los labradores se paseaba, el arado ya como símbolo, por un paraíso verde y sin sospechas. Las aguas de las perennes lluvias pasadas se derramaban por doquier, entre álamos, chopos, sauces, fresnos y alisos. El viejo álamo, derrotado, de Catalain, ha dejado un larga familia de vástagos jóvenes, que tardarán muchos años aún en sustituirlo. La celeste lámina de Mairaga se rizaba al vientecillo de la tarde y el agua llegaba al cuello de la presa de la que huía rumbo al Cemborain.- Era el espacio y el tiempo de la belleza, que es infinito y eterno.

El beneficio inmediato

Aunque los medios informativos tratan casi siempre la crisis económica mundial desde el punto de vista económico, muchos filósofos, moralistas, teólogos, politólogos, y algunos economistas también, han reflexionado durante muchas horas sobre otras causas de la crisis, conscientes de que el colapso financiero ha venido a demostrar la fragilidad del sistema económico actual, montado sobre la plena autoregulación del mercado, y convencidos de que la  llamada verdad económica («científica») no abarca toda la verdad que corresponde a la realidad completa del hombre. El afán desmedido de un lucro desmedido a la vez lleva directamente al cortoplacismo y concede un papel central a la economía financiera, donde predominan las actividades especulativas, que buscan sólo el beneficio inmediato. Si lo que se llama eficiencia rápida es el criterio único o prevalente de la actividad humana, cualquier medio se antoja válido para alcanzarla: sea el enredo, el engaño, la mentira, el fraude, la estafa o la coacción.-  La historia nos ha enseñado que ni el colectivismo comunista, con su planificación estatal, fue la solución que muchos millones de hombres esperaron, ni la absolutización del mercado lo  fue ni lo está siendo. Es hora de preguntarnos, pues,  por los vicios del sistema, pero también por los vicios de la sociedad que lo mantiene y lo cultiva. Y,  para ser prácticos y no subirnos por los cerros de Úbeda del cómodo moralismo,  más nos valdría preocuparnos por una sólida moral pública aprendida en nuestras escuelas, institutos,  universidades y en nuestros medios  de comunicación. Está visto que la sola verdad económica («científica») está lejos de ser ni siquiera eficiente.

De la demofilia a la demagogia

Una cosa es la demofilia (demófilos) el amor al pueblo, y otra la demagogia (demagogos), entendida  como  conducción o gobierno, no siempre tiránico, como los llamados así en Grecia y en todos los tiempos, sino también un gobierno, que  adula, halaga, exalta y seduce al pueblo por medios no lícitos o medios  no del todo honestos, como el engaño, el disimulo, la argucia, el embeleco, el señuelo, la adulación, la candonga, la trapacería, la tramoya, la coba… La demagogia es la primera tentación pública de todo político, primeramente dentro de su propio partido y después dentro de la porción del pueblo que le toca gobernar. Modo de defensa, de reto o método de conducta habitual, la demagogia es una hijuela del irrealismo y de la correspondiente falsedad del político, que busca así alcanzar sus objetivos propuestos y no a través de los medios justos habituales en toda politica que merece el nombre de recta y honrada. Creo que este es el caso de muestro presidente del Gobierno, que ha tenido muchos precedentes en la historia de España y de todo el mundo. Ayer fue la prueba contundente de esa política equivocada. Se vinieron abajo palabras, promesas, seguridades, acuerdos, pactos, presupuestos, previsiones… Demagogias. Dice el refrán que antes se coge al mentiroso / que al cojo. El refrán vale igualmente para el demagogo de cualquier demagogia,  especie de mentira o, al menos de engaño, siempre al servicio no del pueblo, sino de un partido, de una dirección, de un grupo, de una personalidad o personaje.  

El trece de Mayo / a Cova de Iría…

Leo un reportaje sobre la Igesia en Portugal, escrito por el clérigo y poeta católico Jose Tolentino Mendonça, que resume así: Una Iglesia todavía organizada al estilo trdicional y en ocasiones presa de atavismos ya superados, pero que se abre a nuevas dinámicas de relación con la sociedad. No es mucho decir. Mucho más me ha impresionado el mensaje de Benedicto XVI envió ya dese el avión que le llevaba a Lisboa y Fátima, sobre el pecado en la Iglesia, en vísperas de la celebración de las apariciones de Nuestra Señora, la Purísima Madre de Dios y de la Iglesia: Eso lo hemos visto siempre, pero ahora lo vemos de una manera realmente aterradora: la mayor persecución a la Iglesia no viene de los enemigos de fuera, sino que nace del pecado de la misma Iglesia. Y ésta tiene por tanto profunda necesidad de volver a la penitencia, aceptar la purificación, aprender el perdón, pero también la necesidad de justicia. El perdón no sustituye a la justicia. Divinas palabras. Nos recuerdan, frente a todas las apologías baratas y a mucha ignorancia de la teologìa eclesial, las palabras del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia her¡da por los pecados de sus hijos, que a un inmenso  teólogo conciliar como Rahner le hacía decir: De hecho el documento conciliar, fiel a la realidad, es consciente de que la Iglesia es una Iglesia pecadora y no sólo de que en ella existen pecadores.– Hay que ver con qué alborozo reproducía EP estas palabras del papa a la vez que recogía el testimonio de un vaticanista italiano para quien la declaración papal es un ejemplo de honestidad intelectual, que incluye un agradecimiento implícito a los medios de comunicación que han infomado sobre los abusos de pederastia, por ayudarle a determinar la verdad y hacer limpieza de la Curia, que achaca los ataques externos a la mentalidad del 68 y al relativismo moral. Y esto a los pocos días de que la defensora del lector, de EP, Milagros Pérez Oliva, bajo el título Pederastia y papafobia, respondiendo a muchas y severas críticas de los lectores del diario a su línea papafóbica, anticlerical y de laicismo excluyente – no soy yo solo quien lo ha juzgado así- escribiera que es lamentable que títulares inexactos y falaces y un innecesario puntillismso sobre ciertos episodios de abusos hayan  inducido a pensasr que el diario se ensaña con las dificultades de la Iglesia y empañar de este modo el buen trabajo realizado.

Entre el poder y la autoridad

Que la Iglesia de España haya perdido poder es algo indiscutido, y positivo a la vez, a tenor de los criterios del Vaticano II y sobre todo del Evangelio. Que haya sido voluntaria o involuntariamente, con ser importante, no es lo principal. Dejemos a la historia y a la sociología ese análisis. Que  esa misma Iglesia haya perdido autoridad, en el sentido de la autoridad que se reconocía a Jesús de Nazaret, es mucho más grave. ¿Estorban hoy los valores cristianos y no sólo la Iglesia concreta? Algunos así lo afirman, cuando subrayan que la fraternidad se ha vuelto solidaridad, el amor se degrada en sexo o, a lo más, en caridad sin justicia -al revés de lo que significa hoy la institución Cáritas-, y desaparecen o se desprecian valores como la humildad, el perdón, la castidad, y hasta la moral, junto al metasigno de la cruz. No estoy de acuerdo con estos profetas de calamidades, y, en en todo caso, tendríamos que distinguir mucho. Vivimos en un momento que exige reflexión, también autocrítica, sin la cual toda crítica es estéril, y acción evangelizadora, pero a tono con nuestro espacio y nuestro tiempo. Las palabras y la vida de Jesús, a quien cada día vamos conociendo mejor, no coinciden, por desgracia, con las de los cardenales  y papas del Renacimiento, ni con las de muchos progresistas a la violeta del siglo XXI, pongo por caso. Si esa vida admirable la continuáramos en nuestras vidas, personal y colectivamente,  nos importaría poco si tenemos mas o menos poder y tendríamos seguramente mucha mayor autoridad, al menos delante de todos los que buscan, de un modo u otro, el reino de Dios. Y  entonces alguien de entre ese más de la mitad de los menores de 35 años que, según el último informe del Instituto francés Ifop, opinan  en España que el cristianismo no tiene nada que decir a la sociedad actual, podría cambiar de opinión.

Más grande de lo que se puede pensar

Sigo siempre con mucho interés a uno de nuestros más grandes teólogos españoles actuales, Andrés Torres Queiruga. En el último numero de Concilium -la revista de alta divulgación teológica mejor del mundo-, dos teólogos alemanes se muestran muy críticos con su tesis sobre el monoteísmo y la violencia: René Buchholz y Manfred Görg. Pero él sale muy vivo de la prueba. Lo que importa más es su tesis principal: Jesús ha culminado -completando y conservando, no anulando-  la historia de la revelación bíblica. Lo que significa reconocer el valor de toda la anterior. Dios es creador de gracia y salvación, no de desgracia (rechazo de todo fundamentalismo bíblico. en el Antiguo y Nuevo Testamento). Dios es fascinante, no tremendo. Todo lo oscuro sobre Dios es preciso explicarlo por lo claro, y lo secundario por lo fundamental. El amor de Dios es más grande de cuanto se pueda pensar (San Anselmo-Schelling). Y el respeto y la preservación de ese amor constituye el centro hermenéeutico que debe decidir la verdad o falsedad de cualquier interpretación.

El antijudaico Baroja

Repaso varias novelas de Pío Baroja y leo algunas no leídas. Una de las sorpresas que me llevo es ver lo antijudaico que era este hombre. Donde salen judíos, y salen muchas veces, siempre son lo peor que se puede ser. Peores que curas, frailes y jesuitas, aunque algunos jesuitas no salen tan malparados. Por lo demás, esa incontinencia anticlerical, de la que habló Laín, no me ha cogido de nuevas. Y ese papanatismo por la ciencia, un panremedio, que muestran sus mejores portavoces, Fernando Ossorio en Camino de perfección; José Larrañaga, en toda la serie de novelas que protagoniza, o Javier Olearán en El cura de Monleón. A los que no adoran esa divinidad  el epíteto más suave que les reserva es el de cretinos. Es el Baroja individualista, sencillo, solitario, un tanto anárquico, crítico,siempre, lector infatigable, trabajador, pesimista, pacifista a pesar de todo, denunciador de lacras sociales,  pequeño burgués, pagano, nostálgico de un precristianismo vasco, como en Jaun de Alzate. O retratado en aquel trilogio que se le escapa en la tercera novela aqui citada:  Paganismo, individualismo y anarquía dentro del orden. Sería magnífico.

San Schumann: Día de Europa

¡Cuántas veces me ha tocado hablar de Robert Schumann y de su discurso en la sala del reloj del Quai d’Orsay (ministerio de asuntos exteriores), a las seis de la tarde del 9 de mayo de 1950! Lo recuerdo con nostalgia ahora, cuando acaba de hacerse pública la crítica reflexión del grupo de sabios, presidido por Felipe González, sobre la Unión (en declive). Entre sus propuestas más sonoras, y para muchos inesperadas,  está la recomendación de la energía nuclear  y de  la inmigración selectiva, así como la supresión de las prejubilaciones. Aun sin la presencia  polémica de Turquía, cuya entrada se  aconseja también en el documento presentado, el futuro (es decir, la viabilidad) de la Unión Europea, con 27 países tan distintos en su seno, se vislumbra arriesgado y difícil. Es una aventura política única en el mundo, y ni siquiera puede compararse con el imperio británico o español, ni con el romano. Hasta ahora lo esencial está provisionalmente conseguido, pero en esta situación de crisis, y más tras el fracaso económico de Grecia, es inútil plantearse mayores pretensiones. La entrada de Turquía, creo, no haría más que añadir más tensión. La organización europea es asunto primordial que nos llevará a todos, aunque no seamos sabios, muchas horas de reflexión.- Dice el procurador de la causa de beatificación del político rancés-luxemburgués-alemán Robert Schumann que falta un milagro para alcanzarla. Aunque no soy partidario de milagros ni siquiera para eso, podemos encomendarnos al santo varón y cristiano que fue este fundador europeísta, y cualquier avance de la Unión en estas horas pantanosas podrá considerarse -no sé si también para el Vaticano- un milagro genuino.

Una civilización

Siempre he mantenido que, al menos en nuestro tiempo, hay en el mundo una civilización y no varias, y que lo que se llama por ahì civilizaciones no son mas qué culturas, subculturas, religiones, lenguas, usos y costumbres, etc. Leo ahora una interesante conferencia de José María Aznar en Viena sobre derechos y deberes ante el Islam y del Islam, con la que estoy conforme en sus lìneas principales. Aznar suele ser más acertado cuando no habla de política española que hablando de ella. Dice, por ejemplo, el ex presidente: Sería más correcto y preciso, en mi opinión, considerar que la civilización es una -con distintas expresiones culturales, con diferentes experiencias históricas, sustentada en diversas creencias y reaíces religiosas, pero una única civilización. Lo creo porque, por encima de esas cicunstancias históricas, culturales o religiosas, se pueden y se deben reconocer valores comunes deseables para todos. Se pueden y se deben afirmar porque existen. Al contrario, hablar de civilizaciones, en plural, implica dar por hecho que existen mundos distintos, equivalentes y cerrados, cada uno con sus dogmas. Esos dogmas fundamentales, al verse como absolutos en su mundo cerrado, son incompatibles con los del otro. E inevitablemente  esos mundos cerrados tenderán a enfrentarse de forma destructiva.

Pereat Justitia…

El apotegma latino tradicional rezaba así Fiat Justitia, pereat Mundus: Hágase la Justicia y perezca el Mundo. Lo que se se entendía como un lema del justicialismo extremo, de un rigor justiciaero, entre heroico y desproporcinado. Ahora, en esta España nuestra de las corrupciones, tramas, cainismos políticos y financieros, mentiras oficiales,  partitocracia exaltante y moral pública por los suelos, nos viene el jefe de la Oposición a poner al presidente autónómico Camps, percha de trajes regalados y de jueces a la medida, por encima de toda justicia: Camps será candidato a la presidencia de la Comunidad Valenciana, diga lo que diga la Justicia: la Justicia dirá lo que quiera. Sepa el jefe de la Oposición lo que sepa sobre  la próxima resolución judicial, el lema elegido no puede ser más injusto: como que pone la justicia a los pies de un interés partidista. Traducido del latín: Hágase lo que quiera el Partido y perezca el Mundo. Y …perezca también la Justicia, si llega el caso.