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María Magdalena
María de Magdala,
la Magdalena.
También Santa María.
Enhorabuena.
María de Magdala,
fiel compañera
del Maestro divino
por Galilea.
Tú, la pionera,
María de Magdala,
que arrostraste mil burlas
pullas y chanzas.
María de Magdala,
mujer entera
junto a la cruz maldita
de la condena.
Tú, la maestra,
María de Magdala,
de miedosos discípulos
en desbandada.
María de Magdala,
tú, la primera
en anunciar al mundo
la Buena Nueva.
La Buena Nueva,
María de Magdala:
que el Cristo vive
y es nuestra Pascua.
María de Magdala,
la Magdalena.
También Santa María.
Enhorabuena.
Mujeres después de Pascua
Mujeres, seguidoras del Maestro,
¿qués es de lo vuestro?
Y la madre María y el discípulo Juan
¿dónde están?
¿Donde están las mujeres que estaban junto a la cruz?
¿Quién nos dará un poco de luz?
Y las testigas de la Resurrección
¿a quiénes enseñaron la lección?
¿Qué fue de María Magdalena,
que salía en todas las escenas?
¿Qué de aquellas santísimas mujeres,
que cumplieron, mejor que los varones, sus deberes?
Domingo de Resurrección
Porque os trasmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras, que se apareció a Cefas y luego a los Doce…
( I Cor 1 3-5)
Jesús
murió,
y fue sepultado.
Al tercer
día resucitó
con su cuerpo transformado
por el poder
de Dios.
Y después
se apareció
–se dejó ver:
en griego,
ofzé–
por quien creyó
en él,
por
quien
lo amó,
y por eso
lo vio
y para siempre
lo vivió,
transformando
su ser
hasta el martirio
por la fe
en Dios,
que a su Hijo
resucitó.
Sábado Santo
Si Cristo fue perfecto Dios y Hombre,
no puede haber mucho que nos asombre.
De la naturaleza de los dos,
sabemos qué es ser hombre, mas no Dios.
No sería aquel Hombre tan perfecto,
sin la muerte a todos los efectos.
Un Dios que sufre y muere perseguido
a muchos les parece un sinsentido.
Mas si Dios es amor por excelencia,
el amor sobrepasa toda ciencia.
Jesús yerto debajo de una losa:
el silencio es más claro que la prosa.
Jesús nos enseñó la gran verdad:
el amor revelado es humildad.
Lamentación de Viernes Santo
Ya lo tenéis sujeto, verdugos por encargo,
y cosido a la cruz,
el tormento inhumano
con que el Imperio domeñó a Judea.
Ya podéis enviar a degollar
el cordero de la Pascua,
divertir en palacio a los huéspedes latinos
o invitar al prefecto a visitar
Séforis en Galilea,
Te quedan siete años, procurador infame,
tú que lavas las manos en la sangre del justo,
antes de que Vitelio te embarque para Roma
a dar cuenta -¡al menos, una vez!-
de la sangre inocente vertida
por tus tropas en Samaria.
Siete años te quedan todavía,
José Caifás, el Opresor,
o el Sagaz -¡lo que es igual!-, como te llaman,
títere ridículo de los gobernadores,
antes de que el mismo Vitelio te despache
de tu finca sagrada del templo herodiano,
profanado mil veces
por tu hedionda avaricia,
por la inicua explotación
de los pobres de Yahvé.
Y tú, vulpeja astuta,
Herodes Antipas, el tetrarca,
que no llegaste a rey,
asesino de Juan el Bautista,
te has vengado otra vez
del profeta resurrecto,
que era un reproche permanente
de tu vida malvada.
Pocos años te quedan
por gozar de Herodías, la mujer de tu hermano,
antes de ser vencido por tu suegro,
antes de que,
mendigo envidioso en la casa del César,
te nieguen la diadema de tu sobrino Agripa
y en el triste y lejano destierro de la Galia
te encuentre distraido el sicario de Calígula.
Pero ahora, viejas hienas odiosas,
podéis con razón regocijaros.
Por ahora
estáis libres
de sus ojos fascinantes,
de su voz poderosa,
del clamor concitante
del Reino que anunciaba,
sin dracmas ni denarios,
sin armas ni bagajes.
Ya lo tenéis sujeto
y cosido a la cruz.
Ya podéis, a esta hora
-son las tres de la tarde-,
y a vuestra ruin manera,
comenzar a preparar
la fiesta de la Pascua.
Los tres, y sin quererlo,
habéis hecho posible,
con vuestro crimen máximo,
la Pascua más genuina,
la Pascua renovada y perdurable.
Pero eso no borra vuestra culpa maldita
Los tres tendréis escritos vuestros nombres
en la historia más negra de todos los horrores,
del odio, la injusticia y el escarnio,
y servirán de espanto y de desprecio
donde quiera los hombres sobrevivan.
Ahora, pues, vosotros,
ignorantes de todo,
y verdugos distantes
de la víctima del Gólgota,
podéis lavaros por fin
del miedo
vuestras almas.
Cena del Señor (14 de Nisán)
Cena de Jesús,
la última cena:
los últimos gozos,
las últimas penas.
Todo compartido
en la tarde espesa
de sucias traiciones,
de tristes tibiezas.
Todo ya en el trance
de una muerte cierta:
tres hienas voraces
le siguen y cercan.
Por eso es la hora
sagrada y suprema,
de partir el pan
y de darlo en prenda
del Reino que anuncia
la mesa fraterna.
De pasar la copa
del vino que alegra
y rehace el cuerpo
para la cosecha.
Memorial perenne,
regalo y presencia,
testigo y proyecto,
anuncio y promesa.
Cuerpo roto en sangre,
sangre vocinglera,
que pide justicia,
que clama inocencia.
*
Cena de Jesús,
la última cena.
Hasta que en el Reino
llegue la primera.
La muerte del Mesías
San Helder Câmara
Levanto un ramo
Levanto un ramo
para un rey que por trono
elige un asno.
Busco una palma
para un rey no de cuerpos
sino de almas.
Canto de júbilo,
que este rey no es de espadas
ni es el de triunfo.