José Bono, en su libro citado, reconoce que Virgilio Zapatero y él defendieron en 1982 la posibilidad de que Castilla-La Mancha se constituyera como una Mancomunidad de las cinco Diputaciones provinciales castellano-manchegas. Se quedaron solos, aunque Alfonso Guerra era de los pocos receptivos a la idea. Luego se pusieron a la cola donde se repartía café para todos. Se les pusieron algunas limitaciones estatutarias – períodos de sesiones, prohibición de sueldos para los diputados…-, que hoy día se incumplen: No es razonable –escribe en 1993-. Algún día nos arrepentiremos de ho haber cortado la sangría económica que supone ampliar sin limites las pretensiones expansionistas y el afán de reproducir exactamente el mismo esquema del Estado. Acabaremos teniendo diecesiete Estados en miniatura. Me siento responsable por ceder. Lo hago a disgusto, casi nadie comparte mi criterio.- Sobran comentarios. Pero se reconoce el muy distinto punto de partida.
