Al coro anticlerical de estos últimos días contra la visita del cardenal Tarcisio Bertone se añadió ayer desde su tribuna televisiva, con voz vehemente de oráculo, Iñaki Gabilondo, leyendo un mal texto literario. Y qué texto: jubileo, despendole político y social, gigantesco botafumeiro, peloteo rastrero, adhesión inquebrantable, Iglesia insaciable que lo quiere todo, desagradecida ante el Gobierno más desprendido en cuestiones monetarias, España como su cortijo, propietaria de esta vieja tierra… ¿Tiene todo esto algo que ver con la vissita de Bertone a España, por cierto invitado por la Conferencia episcopal, y con las entrevistas con miembros del Gobierno? Poco o nada. ¿Tiene algo que ver con la actitud del presuntuoso periodista y de su cadena para con el Gobierno socialista? Mucho. Es una pena que un hombre valioso como el locutor vasco se despendole (él sí) por un acto como éste y no ante atropellos, injusticias, disparates de todo género ocurridos en la vida española, que no le han sacado de sus casillas como en esta ocasión. Y para terminar, esta zafiedad, tan propia de otros tiempos, de otros ámbitos, de otros personajes: Un despliegue casi humillante de brazos y piernas abiertas. ¡Mala gramática! Hasta ahí se ha descendido en este país. Y esta vez no es un político, sino un tele-predicador solemne de ética y estética progresistas!