Fiesta del Corpus Christi
7 de junio de 2021
La película de Fred Zinnemann sobre A Man for all seasons (1966), Thomas More (1478-1535), ayer noche en TV13, versión cinematográfica de la obra teatral de Robert Boll (1960), que ganó todos los premios posibles en su tiempo, nos acercó a uno de los personajes más atractivos y creadores de la historia europea. Al autor de la Utopía, al precursor del socialismo utópico, que acuñó por vez primera la palabra socialismo, Al jurista, filósofo, teólogo, político, escritor, poeta, epigramista, traductor, profesor de leyes, juez y lord canciller de Inglaterra. Al santo y mártír de la Iglesia católica (22 de junio) y y al mártir y santo de la Iglesia de Inglaterra (6 de julio). Y al patrono de políticos y gobernantes, declarado por Juan Pablo II (2000), a petición de numerosos presidentes de Estado y de Gobierno de todo el mundo. Antes que jurar a su amigo íntimo el rey como cabeza de la Iglesia de Inglaterra, separada de Roma, para poder divorciarse de su legítima mujer y tener un hijo de su amante Ana Bolena, a la que decapitó cuatro años después, prefirió perderlo todo, hasta su vida.
Nos acercó a aquel hombre que, según sus contemporáneos, tenía un ingenio de ángel y un conocimiento singular, que no tenía par; de maravillosa alegría y afición, y, a veces, de triste gravedad.
Su figura, representada admirablemente por el actor, tanto teatral como cinematográfico, Paul Scofield, sobresale como el día ante la noche comparado con el rey Enrique VIII, el histérico Robert Shaw; el cruel Leo Mckern, que hace de Cromwell, o el hinchado canciller Wolsey, encarnado en un voluminoso y enrojecido Orson Welles, todos los los cuales tuvieron poco después una muerte indigna.
Pero Thomas More, visto desde el mundo en que vivimos, donde, desde los Estados Unidos de América, primera potencia mundial, con un candidato a la presidencia –criminal convicto-, que parece la encarnación del Mal, hasta nuestro país, donde la amoralidad ya es una costumbre oficial, y la presión (Wolsey) y la coacción y el chantaje (Enrique VIII) juegan el papel de la moral, es mucho más que un hombre excelso en el archivo de la historia. Es un modelo eficaz para los políticos de nuestro tiempo. Cuando aquí y allí, todos estos pobres hombres de nuestra política rastrera se acusan unos a otros de traidores, el también condenado por traidor en la Inglaterra del siglo XVI se yergue ante ellos como un gigante de la fidelidad, de la coherencia, de la integridad, de la humanidad, que exigen a veces el sacrificio de muchas cosas, y hasta de la vida.
Es el hombre de fe, de moral, de principios y de fidelidades, que por encima de su cargo, de su vida plena de proyectos, su mujer, sus amigos, sus hijos, y hasta de su vida, no duda en ir a la torre de Londres y hasta en subir la escalerilla del verdugo, por ser fiel a su conciencia, que es a la vez a su Dios y a su Iglesia. Tras bromear en los últimos momentos con el verdugo y con el crecimiento de su barba en la prisión, esta fue su última lección:
I die being the king ´ s good servant, but God ´´´ s first.
(Muero como buen servidor del rey, pero sobre todo de Dios)
Mayo-Madre.
Madre de las flores,
desde la pequeña y vívida verónica
hasta la rosa premiada en los certámenes.
Madre de los pájaros,
desde el invisible colibrí
hasta el mirlo, maestro ya en el toque de su flauta.
Mayo, madre del verano,
de lo más fértil y granado de la tierra.
Por eso se consagró el mes de mayo a María
–Mariam, Miryam, Mara, en griego, hebreo y arameo-:
la Bella, la Elevada, la Señora.
Los niños y niñas de primera comunión de nuestro tiempo
cantábamos en la iglesia, en las tardes de las fiestas de mayo,
levantando en el brazo derecho un ramo de flores
las Flores a María:
-Venid y vamos todos
con flores a porfía.
Con flores a María,
que madre nuestra es.
La tarde tenía entonces
un color y olor a madre.
Prefigurada en el Antiguo Testamento
por Miriam, hermana de Moisés, llamada Almah (virgen)
para salvar a su hermano,
por Sara, Rebeca y Judit.
Personificada como hija de Sión,
figura de Israel,
como mujer que da a luz.
Madre de Jesús, Hijo de Dios,
Virgen: entregada al deseo divino.
Imagen de la Iglesia santa.
Nueva Eva de la comunidad de los creyentes.
Virgen Madre de las romería de mayo.
Mayo-Madre.
No podemos vivir sin madre.
A Dios le llaman ahora Madre.
Medjugorje, Garabandal o El Escorial no son fenómenos nuevos en la historia de la Iglesia. El famoso teólogo mariólogo francés René Laurentin llegó a catalogar hasta 2000 presuntas apariciones de la Virgen María en todo el planeta durante dos siglos.
Ya Pablo VI dictó unas normas prudentes en febrero de 1978, que no se conocieron hasta el año 2011. Por fin, este último 17 de mayo, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado el documento Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales. El documento destaca que, en principio, debe descartarse la declaración de sobrenaturalidad de un fenómeno. Y, aunque se añade luego que el discernimiento es tarea del obispo diocesano y se mantiene la posibilidad de que el Santo Padre autorice excepcionalmente llevar a cabo un procedimiento sobre la sobrenaturalidad de un hecho, el prefecto del Dicasterio, Víctor Manuel Fernández, fue tajante en este punto: Nunca se declarará la sobrenaturalidad.
Y es que ya es hora de terminar con esta historia de las apariciones, y de comenzar a interpretarlas como visiones, más o menos juiciosas, insensatas o hasta o esperpénticas, en todos los casos, y, en el mejor de ellos, experiencias que pueden tener efectos positivos en los videntes y en quienes los acompañan, y que pueden ser reconocidos y hasta bendecidos por la Iglesia: caso de Fátima y Lourdes.
No hay tales apariciones. El cuerpo espiritual de la Virgen María, Madre de Dios, no es visible, y, si lo fuera, lo sería para todo el mundo que llegara a tiempo.
Cuando el papa Francisco volvía, en mayo de 2017, de Fátima, en la celebración masiva del centenario glorioso de las apariciones de los tres pastorcicos, declarados santos por la Iglesia, llegó a decir: Yo personalmente soy muy «malévolo»; yo prefiero a la Virgen Madre, no la Virgen encargada del oficio telegráfico que todos los días envía un mensaje a tal hora (…). Esta no es la madre de Jesús…
Un viaje muy agradable gracias a unos amigos de Etayo y de Olejua, en una mañana primaveral de mayo entre paisajes primaverales varios. Una casa-jardín en Miramar, entre hortensias, rosas blancas y rojas, arces negros, nísperos, rododendros…, con vistas a otras casas jardín y al mar infinito. Un recorrido por la espina dorsal de Igeldo, a un lado el mar y, al otro, una marea verde de colinas y montes que chocan contra el arrecife de las Peñas de Haya y de Larrún, en busca de cuatro túmulos de la Edad de Bronce, el cuarto de ellos con el hoyo fúnebre libre de piedras. Un almuerzo alegre en una sidrería jubilosa. Una siesta plácida mientras nuestro admirado conductor paga una elevada multa para poder recoger el coche llevado por la grúa. Un paseo final, casi romántico, por el Paseo de la Fe y por el Paseo de la Concha, con Igeldo, Santa Clara y Urgull como telón de fondo, la playa como escenario de la vida festival de las buenas gentes cotidianas, y el mar, oh, el mar, ese sueño primigenio, acercándosenos, llamándonos, arrodillándose ante nosotros, distraídos, y haciendo esfuerzos telúricos por revelarnos el misterio de la creación…
Sigo leyendo a Pablo d´Ors, que es inagotable:
(…)
El mundo me parece un lugar precioso, incluso ahí donde los escenarios son más horribles. Las miradas de quienes sufren me parecen más hermosas que las de quienes se sienten satisfechos.
He dejado de estar enamorado de mí. Ya no miro qué dicen de mí las redes, o si mis libros se han vendido más o menos esta semana que la anterior. No tengo tiempo que perder con el ego, estoy demasiado fascinado con Dios y con su Creación.
En cuando me acecha una preocupación o una emoción negativa, la detecto, la detengo con mi mantra o con una afirmación positiva, y me maravillo de que quede atrás tan fácilmente, cuando antes me resultaban directamente invencibles.
Ya no me fustigo, hago más pausas, me acuesto antes, comprendo que cada día tiene su afán, escucho con más paciencia, miro casi siempre con benevolencia, no me reconozco, la verdad.
Comprendo que estoy entrando en un largo y cálido Pentecostés, que confío que dure hasta la muerte.
*
¿No es en verdad reconfortante leer estas sabias palabras, de uno de los pocos sabios que en el mudo han sido?
Al principio, los animales del desierto que iban por agua dañaban a menudo el huerto de Antonio. Pero él atrapó a uno de los animales, lo cogió con suavidad y les dijo a todos: -¿ Por qué me hacéis daño, cuando yo no os lo hago? Marchaos y, en el nombre del Señor, no volváis a acercaros por aquí. Y nunca más se acercaron al lugar, como si sus órdenes les hubieran intimidado.
Vida de Antonio
No odies a nadie. No tengas celos. No obres por envidia. No seas amigo de discordias.
Regla de San Benito
Antes de acabar el día, haz las paces con quien hayas reñido.
Regla de San Benito
No hay nada bueno donde no hay paz. Dios es amigo de la paz y solo mora en los corazones pacíficos. Tenga uno lo que tenga, no da alegría si falta paz.
Juan Tritemio, La Regla
Desde Antonio y los monjes del desierto, un símbolo predilecto de la paz monástica fue la armonía con la que aquellos se relacionaron con los animales salvajes. Antonio hizo las paces con los que revolvían su huerto. A Benito le ayudaban los cuervos, y en Suiza el monje irlandés Gall trabó amistad con un oso.
La paz bíblica es un don de Dios, pero también un objetivo básico de los esfuerzos humanos. La tranquilidad del orden, según san Agustín, basado en la observancia de las leyes establecidas por Dios. En el prólogo a la Regla, san Benito, citando a Jesús, dice a los que desean la vida que busquen la paz y corran tras ella. La paz nace de la armonía entre el ser, el pensamiento, la palabra y la acción. Aunque siempre parcial y frágil en la tierra, para el santo fundador la paz es la cima de la virtud.
La empresa monástica es crear personas y comunidades de paz. Que solo se puede conseguir cuando se reconoce sinceramente el conflicto; lo que conlleva valentía, humildad, compasión y predisposición al perdón. La alternativa es el conflicto abierto o, lo que es peor, una falsa paz, una fachada de orden que da a una casa reñida consigo misma.
No conozco la obra teatral de José Ramón Fernández, que fue la base literaria de la película de Andrea Jaurrieta, pero sí la de Chéjov, titulada La Gaviota, de la que procede el nombre de la protagonista -actriz aficionada. hija de un rico terrateniente- y una cierta inspiración o contra-inspiración. Todo un laberinto de amores y desamores entre artistas, actores, actrices y escritores en torno a un lago y a una gaviota muerta, símbolo de un presentimiento. Entre ellos sobresale el maduro autor de cuentos maravillosos, B. A. Trigorin, a quien la adolescente Nina lee y de quien se siente atraída hasta el arrobo. En uno de los diálogos más nutricios del drama sobre la escritura, el escritor, la literatura y la fama, llega a decirle: Si un día necesitas de mi vida, ven y tómala. El escritor ya había manifestado antes su intención de conocerla: qué cosita es Usted.
Nina se fugó de casa y se unió a Trigorin, con quien tuvo un hijo, que se les murió. Trigorin volvió a sus mujeres y Nina siguió siendo una actriz mediocre, pero siempre enamorada hasta la desesperación del escritor. Lo que es motivo para que el amigo de Nina y director del grupo teatral, Treplev, el matador de la gaviota, siempre enamorado de la joven y odiador de Trigorin, se pegue un tiro, al verla alejada definitivamente de sus aspiraciones.
Una buena ocasión literaria para que Andrea Jaurrieta, una mujer creadora de nuestro siglo, convierta, al decir de Cinemanía, una melancolía pavisosa decimonónica en un furibundo alegato feminista. Y haga de una bobita enamorada del siglo XIX una mujer consciente y liberadora del XXI. Hasta qué punto su actuación es genuina liberación, discuten y discutirán de por vida los comentaristas y los videntes de la película. Pues en eso consiste el llamado western sin tiros. Los caños de la escopeta de la Nina rebelde y actual en la boca depredadora del Trigorin contemporáneo es un interrogante moral decisivo, ocurra lo que ocurra después. Mejor, así. Porque eso es arte. Y que cada vidente juzgue por su cuenta.
Manolo Valdés nos enseña cómo tener una cabeza llena de mariposas y poder exhibirla en una de las mejores galerías del mundo.
Juan Genovés en su cuadro Rescoldos (2019), nos muestra las brasas que aún quedan de aquella hoguera que fue El Abrazo (1976), instalado en el Museo Reina Sofía.
Lita Cabellut, la artista española más cotizada en el mundo, ha dejado rayas hechas en su colección La niña en la mirada, retratos cromáticos, imponentes, minuciosos.