No sé qué contestarían hoy los españoles si les preguntáramos directamente si creen que los políticos, o tal o cual político, buscan el interés general. Posiblemente, lo primero que nos pedirían es que explicásemos qué entendemos por interés general. Ahora que ya estamos en campña electoral en Galicia y en Euskadi, me encuentro con un texto de un candidato socialista de postín en las elecciones de 19 de noviembre de 1933, un candidato que no ganó el escaño en Bilbao, donde sí lo obtuvo su patrón, Indalecio Prieto, y los dos grandes pesos pesados del republicanismo de izquierda, Manuel Azaña y Marcelino Domingo, llevados por Prieto, siempre favorable a la conjunción republicano-socialista, a darles un escaño en su feudo local. El candidato susodicho era el bilbaíno Julián Zugazagoitia, periodista, director por entonces de El Socialista, buen escritor y polemista sin rival. El jueves, día 16 de noviembre, a tres días de la votación, hacía en su periódico una curiosa y provocadora presentación electoral, bajo la rúbrica Del candidato a los electores: Con la necesaria claridad para evitar errores. Este era el mensaje principal: los socialistas apelan todavia a las urnas, porque entienden que pueden ser un instrumento real. Y lo explica sincero: Allá donde quepa luchar, lucharemos, pero sin renegar de otros sistemas de lucha. No es obligado que nos atengamos a una sola dimensión. Podemos usar de todas. Nada nos lo prohíbe. Y, para terminar, la necesaria claridad de la que se envanecía: No quiero defraudar a nadie. De un diputado se dice que representa a un distrito. Yo no. Siendo diputado por Badajoz, representé a mis compañeros: si soy diputado por Bilbao, a ellos será a qienes represente. A nadie más. No creo en el interés general. Clases antagónicas no pueden tener intereses comunes. (…). Está claro qué soy y cómo soy. Soy lo que son mis camaradas.
