Esta tarde perfecta de octubre.
Este sol como un baño templado,
y el vientecillo suave, complaciente.
Esta inmensa quietud.
Este hondo vivir
mi existencia gozosa en el mundo…
¿Para qué, Dios mío, para qué,
si no estás Tú
dando a todo el último sentido?
(En la fiesta de San Francisco de Asís)
