En una sobremesa de amigos hablamos de la película de George Clooney, Los Idus de Marzo. Unos la han visto y otros no. Unos han revivido en ella, de algún modo, su propia historia. Otros la comentan como expresión, mayor o menor, de la política que sufren y han sufrido en España. Mientras trabajo en el tema del quiebro socialista, con Largo Caballero al frente, en los años 1933 y 1934, me encuentro con estos párrafos de Manuel Azaña sobre la polìtica, que es una crítica de las más duras que he leído nunca. Correspsonden al diario de 4 de julio de 1937, en plena guerra civil, dentro del Cuaderno de La Pobleta, escrito por el presidente de la República, huído de Madrid a Valencia, cuando comienzan a perder la guerra: «Porque nada estrecha tanto la mente, apaga la imaginación y estiriliza el espíritu como la política activa y el gobierno. Quiero decir que en esas aplicacciones (tal vez en ninguna, no siendo en la pura especulación espiritual) la capacidad del espíritu no se ensancha, ni se ahonda ni se mejora. Para trabajar en política y en el gobierno he tenido que dejar amortizadas, sin empleo, las tres cuartas partes de mis potencias, por falta de objeto, y desarrollar en cambio fenomenalmente la otra parte. Por donde se quiebra el equilibrio y se va, con lastimoso, descuido, al profesionalismo. Lo corriente es cultivarlo desde la juventud, en política como en todo. Mi caso era otro, y el desequilibrio interior, de que sentía, me sentaba muy mal: como si temiese un paulatino embrutecimiento. Una de las asperezas de la vida política es la aridez, la sequedad, la triste cerrazón espiritual del mundo en que uno queda sumergido. Donde apenas es posible una conversación placentera, desinteresada; donde las Gracias nunca han puesto la planta. Así pues, recobrar la independencia y renovar antiguas relaciones me sabía a desquite…En este ambiente antiespiritual todo es posible, hasta llegar a los Idus de Marzo, donde siempre hay un César y siempre hay, se llamen como se llamen, los Bruto de turno.
