Pasión de Cristo (VI)

Todo está cumplido. (Jn 19, 30; 5, 36)
Cristo entregó el espíritu en manos de su Padre. (Luc 23, 46; S 31, 6)
Todo está para siempre desvelado:
quién es Dios, quién el hombre;
qué la vida, qué la muerte.
La cruz, instrumento atroz de suplicio,
ha verdecido en árbol de la vida, (Gen 2, 9; Luc 23, 31)
de la nueva creación:
signo de comunión universal (Jn 11, 52),
ancla de la esperanza y la promesa.
La violencia es ahora perdón; el odio, gracia.
Cristo des-figurado es Cristo trans-figurado,
que en su cruz atrae a todos hacia él: (Jn 12, 32):
arco de mediación, flecha de súplica,
línea de alta tensión
de paz interminable (Jn 14, 27),
de gozo permanente. (Jn 16, 22)
Palabra definitiva
de Dios en el silencio de la muerte,
que hace suyas las miríadas de cruces de la historia.

La madre de Cristo, la «mujer» bíblica, (Jn 19, 25-27)
sigue al pie de la cruz,
al pie de todas las cruces, por los siglos.