Decían que era el mes más bonito del año.
Las flores, cuyos nombres ignorábamos,
salían por ribazos y orillas de caminos.
Era un mes muy tranquilo para el campo,
pero todos temían las tormentas,
la piedra sobre todo, que arruinaba
a los pobres del pueblo, que eran muchos.
No existían seguros: sólo el cerdo,
las gallinas, el pan y las patatas.
Eran un viejo sueño el regadío,
la bodega y el trujal, pero siempre
se oponían los ricos. O eso se decía.
En la iglesia, los domingos y fiestas,
las chicas comulgantes ofrecían
unos ramos de rosas a la Virgen,
mientras todos cantábamos a coro
Venid y vamos todos con flores a María.
Parecía la imagen la Virgen de Murillo,
que venía en un libro de la escuela.
Faltaba muchos días el maestro,
y nos venía un cura o la mujer del médico.
Decían que era el mes más bonito del año.