Un nido de palomas en mi balcón

 

                           Ayer, a media tarde, cuando salí al balcón de mis flores, a mi jardín volante, como yo le llamo, al solarium de mis mañanas antes de las doce, vi dos orondos huevos de paloma en el rincón de mi tercera jardinera occidental, cerca de la pared. No tardó mucho en llegar la paloma. Estuvo unos minutos cerca de los huevos mirándome sospechosa. Y luego se puso a incubarlos. No vi bien si era palomo o paloma, porque los dos, monógamos, cumplen esa función.

Total, que ambos han elegido la placidez de mi balcón, sin que les importunen los ruidos del cuadrivio inferior, uno de los más concurridos de Pamplona. Dos palomas bravías (Columba livia) son mis nuevos inquilinos.

No voy  a evocar ahora la obra maestra de El Collar de la Paloma, del insigne Ibn Hazm, el Andalusí, con prólogo de Ortega. Ni los famosos versos de Jaimes Freyre, que tanto le gustaban a Borges

                                                        Peregrina paloma imaginaria

porque estas no son imaginarias. Ni siquiera las palomitas de Alberti, una de las cuales, por gentileza de Teresa León, adornó una portada de unos de mis libros de villancicos.

Me basta y sobra que la paloma en todas las cultura es símbolo de paz y amor, sin que me crea eso que repite Internet en todas las páginas: que un nido de pájaros en nuestro balcón es un signo de paz y de felicidad. Pero resulta que a mí, buscador de nidos en la infancia de mi pueblo, han venido a anidar dos aves en mi balcón, cuando no he sido capaz de encontrar un solo nido de cogujadas, calandrias o alondras en todos los años adultos de mis recorridos por tierras navarras.  

Leo que una pareja de palomas pueden nidificar hasta ocho veces cada año, en los tres, cuatro o cinco de  su vida. Bien, acepto esta nidada por una vez, aunque me impida durante dos meses mi vida libre en mi balcón-terraza-jardín y se me sequen dos ramas de mis geranios más cercanas al improvisado nido., ya que no los podré regar con huevos o niños-plumas (niños-picos)  tan cerca. Y ya veremos si puedo regar el resto con normalidad durante estos meses.

No me tome nadie por colombófilo. Pero sí, al menos, como seguidor del espíritu del Lodato si ´  de los dos Franciscos.