Vox

 

Del artículo que escribe hoy Iñaki Iriarte en DN y de otros publicados en otros medios se deduce con evidencia que el nuevo partido de extrema derecha, VOX, que ha irrumpido con fuerza e el Parlamento de Andalucía, no es un partido fascista -si es que el fascio italiano y Mussolini significan todavía algo-, y sí un partido peligroso, temible y anticonstitucionalista, como otros muchos que están legalizados y se sientan en las Cortes. Si unos quieren abolir el art. 2 de la Constitución, otros quieren suprimir todo el título VIII, o suprimir la Monarquía. NInguno de ellos es fascista, pero sí unos independentistas catalanes, otro independentista vasco y heredero político de ETA, otro leninista populista o de extrema izquierda, aquél nacionalista confederalista vasco y de derechas, etc. Estamos demasiado habituados a confundir las denominaciones jurídico-políticas con el insulto y el agravio, y de llamar al enemigo con nombres indignos e injustos.

A la hora de explicar el origen político de este nuevo partido de extrema derecha, el escritor Juan Manuel Jiménez Muñoz, en un artículo resonante publicado en el digital Sevillainfo, le dice al líder de PODEMOS que mire bien dentro de su casa y de la casa del PSOE para descubrir por qué ha nacido esa nueva organización, que él ha llamado fascista. Y tras una larga letanía de varios acontecimientos en España, tras los cuales cree el autor que ha nacido un fascista, dicho sea con retintín,  le espeta democráticamente a Iglesias Turrión: Así que, señor Iglesias, ahórrenos ahora llantos y lamentos en las calles. Ahórrenos barricadas y carreras policiales. La movilización ha de hacerse antes de ir a las urnas, no después, cuando no gusta el resultado. Eso, al menos, es lo que dicen las verdaderos demócratas.