Aquel 28 de marzo de 2002, Jueves Santo, día de la muerte de mi madre, a mí también se me hundió el mundo. Esa frase solía decir mi madre, que tenía 27 años, cuando murió mi padre, el 27 de abril de 1937, en un hospital de Vitoria, en plena guerra civil. Pero el mundo siguió girando en torno al sol, y nosotros en torno de los dos. Y el mundo (la tierra) y el sol en torno a Dios, su creador. El único, que, tras el cumplimiento de leyes propias y autónomas, puede devolvernos la alegría de nuestra vida personal y colectiva, en el mundo nuevo que Jesús nos prometió, siguiendo sus pasos, que esta semana de nuevo recordamos y celebramos.