Este enorme huevo de piedra y argamasa fue un día un huevo de nieve. De esa nieve que vela, sin desfigurarla, la Peña de Unzué.
La nieve fue desde la antigüedad, también en Navarra, y hasta los últimos años treinta, no sólo un motivo estético, sino toda una industria propia.
Fueron muchos sus usos terapéuticos, desde los casos de cólera y meningitis hasta los de esguinces y fracturas. Múltiples fueron también los usos culinarios y gastronómicos.
El pozo de yelo del castillo de OLite -5´50 metros de diámetro y 8 de profundidad- se utilizó durante la Baja Edad Media, pero la nieve comienza a comercializarse a finales del siglo XVI.
Aún se conservan las neveras de la cofradía de la Veracruz en Aras, la municipal de Sangüesa, la de Viana, las del monasterio de Fitero, El Pozo de las Ánimas (de la cofradía de las Almas del Purgatorio) de Los Arcos… Las simas o leceas y cuevas naturales de Urbasa, Aralar, Andía, etc., abastecían a muchos lugares, entre ellos, a Pamplona.
El agualojero, las berdujas, el empozado, los escobiles, las heleras, las pellas, la subasta a candela, las veredas de nieve…