Sea más o menos acertada la división que hace Dick Morris de los políticos en idealistas fallidos, demagogos e idealistas astutos, lo cierto es que los políticos que adulan al pueblo para hacerlo instrumento de su propia ambiciónn política, lo que ya Aristóteles tenía como propio de regímenes impuros, engañan y degradan a ese pueblo y corrompen el sistema democrático. Ya no son políticos corrompidos por el poder del dinero o cualquier otro poder, son ellos mismos los corruptores de un pueblo al que hacen corrupto, desnaturalizado, deshumanizado. incapaz de juzgar las cosas rectamente, capaz en cambio de dividir el mundo en dos, amigos y enemigos, repartidos el bien y el mal como si de un botín de guerra se tratase,