Algunos periódicos de hoy inisten en que el nuevo partido (Sortu) no condena la violencia de ETA, que al terror llama violencia y violencia política, que llama a los presos etarras presos políticos (¡vaya descubrimiento!), que no se arrepiente de su sangrienta historia, que no pide perdón a las víctimas, que todas las víctimas son iguales para ellos… Me parece que estamos confundiendo, ay, moral con política, como antes de Maquiavelo, y derecho con moral, como antes de Grocio, y que estamos pensando o soñando que la sociedad española -un yermo de moral pública- tiene en este punto una moral tan alta como las asociaciones (y no todas) de víctimas del terrorismo. Y la pregunta intempestiva, sea cual sea la hipotética decisión del Tribunal Supremo, es: ¿Se les ha exigido alguna vez a las fracciones separadas de ETA, a la hora de integrarse en la vida política democrática (ETA Político-Militar, Euskadiko Ezkerra, Aralar…), todas esas virtudes mencionadas al comienzo de esta glosa?
