Una increencia abierta

 

                         Cuando, en ciertas encuestas, leemos sobre porcentajes de ateísmo, agnosticismo, indiferencia…, solemos tomar las cifras sin más, sin reservas ni matices, por lo que acabamos sin conocer las verdadera naturaleza de esos resultados.  El otro día, leí unas precisiones del sociólogo Fernando Vidal en VN, tomadas del Barómetro 2025 de la Fundación Pluralismo y Convivencia, que me parecieron reveladoras:

El 72% de los agnósticos no mantienen que no exista Dios; tampoco el 22% de los ateos ni el 41% de los indiferentes. El 40% de los agnósticos cree que, al menos, existe una fuerza vital y universal de carácter espiritual. Entre los no creyentes, el 20% se define como una persona espiritual interesada por lo sagrado, aunque no se considere afiliado a ninguna religión concreta. Esos mismos son un 12% entre los ateos y el 36% de los que se presentan como agnósticos. En la vida después de la muerte, creen el 21% de agnósticos, el 14% de indiferentes y el 6% de ateos. En que hay una energía sobrenatural en el cosmos, creen el 43% de agnósticos, el 32% de indiferentes y el 22% de ateos.

Dicho de otro modo -comenta Vidal-, «hay un amplio margen para la conversación acerca del misterio de Dios y de trascendencia, hay un gran espacio que tiene sed de razón y fe. La cuestión es si existen espacios abiertos para hablar de ello y para vivir juntos la «comensalidad».