La silla del dentista es la mejor metáfora de la sumisión del individuo, entregado de pies y manos, y sin poder chistar, al quirurgo.
El consuelo no elimina el sufrimiento, pero sí el sufrimiento por el sufrimiento: la desolación del enfermo sufriente.
Difícilmente puede considerarse justo aquello que acaba empeorando lo que pretende mejorar.