Cuando la gente con sentido común podía pensar que, tras la crisis financiera y económica, había llegado la hora de que la política gobierne a los mercados y no sea gobernada por ellos, vemos que en el cónclave de Davos la señora Merkel y el señor Sarkozy tienen que defender el euro frente a los analistas financieros y a los señores capitalistas -rescatados por los Gobiernos-, que se atreven de nuevo a pontificar por boca de sus sabios gansos. Por eso me parece muy bien que la presidencia francesa del G-20 intente recuperar la idea de una tasa (aquella tasa Tobin) a los movimientos del capital especulativo, y que seguramente quedará de nuevo en nada. Y, mientras África del Norte se encrespa exigiendo pan y libertad, volveremos tal vez a una nueva crisis y a una nueva burbuja financiera. ¿La seguirán pagando los pueblos y algunos de sus políticos,y no los verdaderos responsables?
