Santuario de Estíbaliz

 

         Durante varios sábados de otoño e invierno hemos ido recorriendo el variado y precioso mapa del arte románico en Álava y Treviño, de la mano de una organización privada, que prepara las visitas en los fines de semana por medido de guías muy cualificadas.

Fue en la segunda mitad siglo XII, cuando, alejada la amenaza musulmana, e incorporado el territorio alavés por el rey Alfonso VIII a la Corona de Castilla, se fue consolidando el camino que unía Irún con Santo Domingo de la Calzada atravesando Guipúzcoa y Álava, por el paso natural, y muy transitado desde antiguo, de San Adrián. Avanzando en ese camino, se construyeron villas, como Salvatierra, Vitoria  o La Puebla de  Arganzón, con iglesias y hospitales, que fueron cumpliendo el papel que hasta entonces habían tenido los monasterios. Y se levantaron los templos y ermitas que hoy son la gloria románica de Álava y Treviño.

Aunque la primera iglesia románica importante, tras el paso de San Adrián, es la de Luzuriaga, comenzamos hoy  por la ruta de Estíbaliz, parte de la Llanada oriental, muy rica, como veremos, en el arte románico que queremos disfrutar. Conocemos desde hace muchos años el altillo o cerro de Estíbaliz sus contornos, el monasterio benedictino, sus cultos, sus campas, su animación popular, su Centro de Interpretación con su espléndida exposición románica… Hace un año, coincidimos, el 1 de mayo, con los famosos Desagravios, que tenían lugar en tiempos antiguos por los duelos entre caballeros, que se reconciliaban públicamente ante la Virgen del santuario o eran obligados a batirse fuera de aqui hasta la primera sangre. La  fiesta de tales Desagravios ha devenido hoy en día una multitudinaria romería popular, que llegó a contar, en tiempos recientes, con una representación escénica de los viejos desagravios.

Somos, esta tarde, media docena de visitantes, a los que se nos añade con un cierto retraso una alegre familia vitoriana, con abuelos gallegos, que vienen de celebrar en la capital una fiesta familiar, y nos contagian de su humor y de su bonhomía. La historia del cerro de Estíbaliz se remonta a los orígenes del poblamiento en Álava. Fue seguramente, por una lápida encontrada, un asentamiento romano. Cabeza de Condado entre los siglos X y XII, debió de existir aqui una casa fortificada y una iglesia prerrománica, de la que no ha quedado huella. En 1138, María López, emparentada con la Casa de Haro, heredera de este lugar, donó todos sus bienes a los monjes cluniacenses del monasterio de Santa María la Real de Nájera, quienes hicieron construir la actual iglesia que vamos a contemplar. Pasó después el lugar a la familia Ayala, descendientes del Canciller, y uno de ellos lo donó en el siglo XVI al hospita de Santiago de Vitoria, y éste, en el siglo XIX, a la Provincia, con la condición de restaurar el conjunto.

Iglesia de tres ábsides, única en el País Vasco, destaca ante todo su portada meridional, la porta speciosa, con sus columnas, capiteles y arquivoltas poblados de roleos, entrelazos, hojas de acanto, dibujos geométricos y otras decoraciones, que ocultan aquí y allí figuras humanas: unos condenados, un Cristo Pantocrator, un león,un pez…, que nos va punteando con su puntero luminoso la guía Garazi, una morena menudita con pico de oro. Los canecillos y ventanales de los laterales del templo y las esculturas, probablemente procedentes de otra iglesia, forman uno de los conjuntos más bellos de Álava.

En su interior, sobrio y acogedor, con planta de cruz latina, nave única y amplio crucero, nos gustan sobre todo los capiteles de la cabecera de inspiración borgoñona (pecado original y expulsión del paraíso, Anunciación y los vicios capitales de lujuria y avaricia), a la vez que  la pila bautismal del siglo XIII. Aquí una de nuestras colegas vitorianas echa la culpa al mismo Dios de la primera discriminación de la mujer. Yo le recuerdo aquello de varón y varona, pero tengo poco éxito.

Toda la iglesia, afuera y adentro, ha sido pulcramente restaurada. Y a pesar de las restauraciones, la Vírgen de Estíbaliz pareced aquella Andra Mari tradicional, la Señora María de antes.

Todavía dura la sobremesa de los que han comido en las mesas de piedra del bosquecillo de pinos, en el abrigo oriental del cerro. Unos niños chicos montan en el caracol de madera del jardín, frente al antiguo hspital, y nosotros nos tomamos un café en el bar cultural, llamdo Pater -bar y biblioteca sobre temas de Esíbaliz y arte alavés-, en una terraza debajo de la pared septentrional de la iglesia.