Era una de las auroras más importantes de mi pueblo. La cantó muchas veces mi padre de muchacho y mis dos abuelos, auroros habituales. Seguramente también mi madre, porque ese día de gran fiesta popular, tras las hogueras de la víspera, las mozas se unían al cortejo madrugador. La letra, que yo recuerdo, es una letra sencilla y parca, como la de casi todas las auroras, va al grano, que es la esencia de la fiesta, seguida de una breve plegaria, en versos octosílabos, consonantes o asonantes. La estrofa, que recuerdo dice así.
Hoy más que nunca este pueblo
celebra tu protección
al contemplar el misterio
de tu Pura Concepción.
Las estrofas tenían un aire ágil, alegre y caminante, mientras el estribillo, con el que comenzaba la canturria matinal y terminaba cada estrofa, era un grito de júbilo y exaltación en honor de la Patrona:
Salve, Patrona de España,
triunfadora de Satán,
llévanos, Tú, Virgen bella,
a la patria celestial.
¿Quién se atrevería a cantar hoy, en mi pueblo y en tantos pueblos de Navarra, una cosa así?