Río Irati

 

         Si hay algún bello recorrido por Navarra, en estos días centrales del otoño, es el de seguir al río Urrobi en su carrera loca desde Burguete hasta su desembocadura en el Irati, sobre todo en el tramo entre Espinal y Üriz.  Tal vez sólo superado por el recorrido espectacular desde las fuentes del arroyo Artesiaga hasta su rompmiento en el río Baztán.

Pero tal vez, aunque mucho más largo y azaroso, no sea menos bello el viaje de acompañamiento al río Irati desde sus muchas y distantes fuentes pirenaicas hasta su reposada y caudalosa entrega en los brazos maternales del Aragón.

Serpiente resbalosa y huidiza entre el hayedo otoñecido y autocomplaciente es el río Irati poco antes de llegar a Olaldea.

Río pirenaico navarro -francés y español-; nival y pluvial; regular y caudaloso o austero; embalsado en Irabia, Usoz e Itoiz; electrificador y truchero; juguetón en la selva; apresado en cañones, congostos y desfiladeros; liberado a la luz y a todos los vientos en llanos y vegas.

Recogedor de ríos saltarines y estéticos -Urrobi, Erro, Areta y Salazar-, es casi tan adulto como el Aragón, con el que se parea en Entrambasaguas, cerca de Sangüesa.

Corredor imparable y certerísimo.

Agua carril.

Relámpago de luz en la placentera y oscura tempestad del bosque.

El río Irati, que fue durante años el más famoso de España, por la arremetida del terrorismo independentista vasco sobre el pantano de Itoiz y el Canal de Navarra, es un el río más civil y cívico, sin perder una mota de su selvática y natural belleza.