Racialcristianismo

 

    Una cierta extrema derecha, cuando no ultra-derecha (ultra significa siempre más allá de la democacia) han hecho  suya la reivindicación de la cristiandad. No creen muchas veces en Dios, pero opinan que el cristianismo contiene elementos que sostienen la civilización occidental y sus naciones. Exigen una Iglesia conforme a sus propósitos: culturalmente occidental e hiperromanizada. Cualquier otra Iglesia será tachada de cosmopolita o de liberal con el único fin de agradar al mundo progresista y de desacralizar el verdadero cristianismo.

Nada nuevo, si conocemos lo que sucedió con la Action Française y su prohommbre Charles Maurras, que acabó apoyando al régmen de Vichy.

Su apelación pública a Dios y al cristianismo más que a Jesús de Nazaret no puede engañarnos. Poco hay de evangélico –escribe el sociólogo Fernando Vidal– en estos partidos del Cristo caucásico. No hay un mensaje misericordioso, compasivo, no hay piedad por los más pobres ni por el extranjero. Ese movimiento no es de Dios, sino que Dios es de ellos.