El año 2016, la Santa Sede reafirmó el respaldo a la Agencia y explicó su posición sobre el respeto a la vida, la centralidad de la persona, la promoción de las mujeres y de los varones, los derechos y deberes de la familia, la libertad de la religión o el desarrollo humano e integral.
Por ejemplo, al abordar la centralidad de la persona humana, como sujeto responsable del desarrollo, remarca que la sexualidad debe ser vivida de acuerdo con la dignidad de cada persona, que no tiene derechos sexuales individuales, ya que una relación sexual requiere el pleno derecho de la dignidad y la libertad de cada persona que forma la pareja. Explícitamente, el texto vaticano reivindica que las mujeres deben ser promovidas y contar con los medios para realizar su dignidad inherente como mujeres y protegerse de la violencia psicológica y física a través de todas las forma de aborto, incluido el feticidio femenino y el infanticidio femenino.
Al abordar el acceso a una atención médica básica, la Santa Sede insiste en que han de primar los derechos de los más vulnerables, los no nacidos, los enfermos y los discapacitados durante todas las etapas del desarrollo dela vida de la persona.
Con respecto a la salud reproductiva, de la que se habla en las metas de la ONU , la Santa Sede aprecia que este concepto y otros similares no corresponden a un concepto holístico de salud y rechaza la subrogación materna y la esterilización. Tampoco puede respaldar métodos de planificación familiar que separen fundamentalmente las dimensiones esenciales de la sexualidad, es decir, los elementos unitivos y procreativos del acto conyugal entre un esposo y una esposa.
Con la misma contundencia enfatiza que cualquier referencia a género, igualdad de género y empoderamiento de mujeres y niñas se entiende según el uso común y basándose en el criterio biológico. En ese punto se recuerda que el papa Francisco, siguiendo los pasos de sus predecesores, ha hablado con frecuencia sobre los peligros de la ideología de género que niega la relevancia del sexo biológico, masculino y femenino, al opinar que existe una gran cantidad de de géneros basados en las percepciones subjetivas de cada uno. Prefiere, en fin, el Vaticano el término promoción a empoderamiento, que denota poder más que servicio.