La tarde de este sábado 4 de mayo, soleada y fresca, divertida de nubes, está esplendorosa de belleza, se le mire por donde se le mire. Estamos cerca de un camino que lleva al popular Puente del Calvario, de Huarte-Uharte, llamado también del Humilladero, y ahora titulado oficialmente sólo Puente de Artadiburua (Alto o cabezo del encinar o del maizal). Pero seguimos un poco más adelante y nos metemos en otro camino, que bordea el río UIltzama (parte del Parque fluvial del Arga), que, tras rodear el cercano monte Miravalles, va a desembocar en el Arga, ya en dominios de Villava.
Tras pasar el río por un reciente puente de madera, y un pequeño parque-merendero, con su bonita pérgola, bullicioso de gente joven, paseamos codo con codo con la corriente clara y mansa, que corre un poco más que nosotros, entre una fronda, que revienta de primavera. Dios mío, cuánta belleza en esos miles de chopos, alisos, plátanos, arces, carpes, avellanos, castaños con sus candelas de flores, y sobre todo olmos y fresnos, de hoja mayormente estrecha, que acaban de estrenar el color verde brilloso, luminoso, fulgurante, pungente. A veces casi no sigo la conversación más animada e interesante, porque este sol de mayo sobre esta arboleda fluvial y tan vital está a punto de arrebatarme no sólo la visión, sino las meninges contemplativas.
Al mismo tiempo, al otro lado, en los largos y plácidos espacios del Polideportivo Ugarrandía, y, poco más adelante, en los jardines y campos deportivos del Colegio Público «La Blanca», grupos de adolescentes y jóvenes juegan, corren, saltan, se solazan en grupos, añadiendo a la belleza natural la belleza de la risa, del juego, del esfuerzo, de la juventud derramada.
Llegados al nuevo ensanche sur de Huarte-Uharte, que conocemos bien, nos volvemos para repetir sol y alegrías de mayo. Sólo que, antes de llegar al puente de madera, unas nubes hoscas, malencaradas, que han dejado al sol solo en sus alturas, han comenzado a echarnos unos goterones, que nos han hecho andar más de prisa de lo que hubiéramos querido, poque lo nuesrtro era el el río, el sol, la fronda primaveral…