¿Para qué la historia? Pues, al menos, «para impedir que las huellas de las buenas acciones se marchiten y lograr que los malvados teman quedar atrapados en su páginas«, al decir del historiador romano Tácito. La segunda parte de la sentencia nos parece hoy un tanto ingenua, y lo mejor de la misma ya va implícito en la primera. Creo que la frase, con su lección, es superior a la de Cicerón, que define la historia como «maestra de la vida«. Aunque la historia sea todavía mucho más.