Si el día primaveral de marzo era propicio para pasear por el Parque fluvial del Ebro, que acababa de volver a sus cauces habituales, o para tomar un café en los porches del Espolón, después de comer en la calle San Agustín, lo era también para visitar por vez primera el Museo de La Rioja, que siempre veíamos cerrado en la vecina plaza también de San Agustín. Se abrió por fin hace seis meses, instalado en el dieciochesco Palacio de Espartero -donde nuestro Regente vivió con la logroñesa Jacinta Martínez de Sicilia tras su retirada de la politica, en 1856- y en el edificio adjunto levantado el año 2003. Todo es nuevo y esplendente. Para ir bajando por las escaleras de los siglos, subimos a la planta tercera, en la que nos encontramos con un breve y bello museo etnológico de la región, contigua a la nuestra, donde nos entretenemos un buen rato, recordando las casas y pueblos de nuestra niñez y juventud, hasta ayer como quien dice: devociones populares, agricultura, oficios, costumbres, vivienda rural… Entramos luego en las salas de pinturas y retratos que, como al resto de España, llegaron a Logroño, en el primer cuarto del siglo XX, procedentes de los Exposiciones nacionales de Bellas Artes en Madrid, instituidas ya en 1856: retratos (Espartero, Amós Salvador…), temas religiosos, históricos, costumbristas, paisajísticos… Y de pintores riojanos, como Sacristán, Barruso, Crespo o Daniel González, que tuvieron que vivir y hacer su obra fuera de su tierra. Vemos desde un vano interior y superior el mayor tesoro del Museo, las luminosas tablas de San Millán, que contemplaremos después, más de cerca. Seguimos, ya en la segunda planta, por las tres salas del Barroco, que guardan pinturas de las escuelas de Francisco Ribera, Alonso del Arco, Alonso Cano, o Rubens, enviadas por riojanos que vivían en la Corte o en puestos de la Administraciòn del Imperio, y otros cuadros arrancados por la Desamortización a los conventos riojanos, como el de San Francisco, de Calahorra, o el de la Trinidad, de Logroño. Las salas, de la 10 a la 15, acogen algunas de las obras más conseguidas del Museo, pinturas y sobre todo esculturas del tiempo del Renacimiento. Pero en esto que suena el aviso del cierre, y terminamos acercándonos a un San Francisco, del Greco, dejando para otro día el egregio espectáculo de las esculturas de los retablos de Oteruelo, Galbárruli y La Estrella…. y el resto de la planta segunda y toda la planta primera.- Un precioso hallazgo en este centro histórico de la capital de La Rioja, abarrotado a estas horas en torno a los vinos locales y a las delicias gastronómicas, que son, al parecer, las pinturas y esculturas preferidas por el paisanaje local, e incluso forastero.