¿Máxima producción, máximo consumo?

Todos nos hemos preguntado, y hasta muchos nos han preguntado, tras hablar, escribir, oír y leer tanto y tanto sobre la inmoralidad estructural, sobre la injusticia del mundo, y conceptos similares: qué podemos hacer nosotros. Juan Manuel de Prada cree que el primer paso para efrentarse a esa inmoralidad, a esa injusticia, es identificarlas, reconocerlas como tales, y distinguir en cada momento entre vivir honestamene o vivir sin mesura, entre vivir conforme a la naturaleza o conforme a apetitos desordenados. Prada piensa que el capitalismo, al introducir el concepto de bienestar, trastocó por completo el sentido de una vida honesta, que ya no sería una vida preocupada por atender a las necesidades normales de la vida, sino aquélla que se rige por el falso ideal de la máxima producción y el maximo consumo, sustituyendo las muchas necesidades espirituales del hombre por las falsas necesidades materiales, que le convierten en mero instrumento de producción y en un consumidor voraz y compulsivo. Estando de acuerdo, en principio con todo ello, creo que eso sucedió ya muchos siglos antes de lo que llamamos capitalismo. La desgraciada sustitución surgió cuando lo que se denomina con un sustantivo abundancial, bienestar, tomó la forma determinada, en una determinada situación, de abuso sexual, abuso de propiedad, abuso de fuerza…, en lugar de trato humano y fraterno con los hombres del entorno. Baste leer el libro llamado Trasímaco, de Platón. El crecimiento ilimitado de la riqueza y del poder, que exige el ilimitado deseo de goce ilimitado de la vida, se obtiene sólo inevitablemente a costa del sufrimiento de muchas personas, núcleo de toda inmoralidad y de toda injusticia.